Ubicada frente a la costa croata, Baljenac (o Bavljenac) es una pequeña isla en el Mar Adriático, en el archipiélago de Šibenik, considerada la ciudad más antigua fundada por croatas en el Adriático. Conocida también como la isla de las huellas dactilares, está cubierta por un sinfín de muros de piedra, llamados “suhozid” en croata, que le dan forma de huella dactilar humana cuando se ve desde arriba.
Cualquiera podría pensar que el conjunto de sus calles es un laberinto antiguo, pero basta acercarse un poco más para apreciar que aquí no te puedes perder. Las paredes de sus muros miden poco más de un metro: están diseñadas para facilitar la agricultura en un lugar inhóspito.
Según la Oficina Nacional de Turismo de Croacia, fueron los agricultores de la isla vecina de Kaprije los que los levantaron en algún momento del siglo XIX, utilizando una técnica conocida como “muros de piedra seca”, que consiste en apilar y entrelazar cuidadosamente las rocas: primero limpiaron la vegetación salvaje de Bavljenac para dejar espacio a higueras y cítricos, así como a vides, y entonces comenzaron a colocar piedras.
Aquellas manos humanas ensamblaron hasta 23 kilómetros (la mayor concentración por superficie) en una isla donde el área total es de tan solo 0,14 kilómetros cuadrados. Unas sobre otras, las rocas ayudaban a proteger los cultivos del fuerte viento que se produce en la zona, así como a dividir las parcelas. Si bien estos muros de piedra seca pueden encontrarse en otras partes de Europa, como Inglaterra o Irlanda, lo curioso es que en ningún otro lugar estas paredes imitan el patrón de una huella dactilar, como lo hacen las de la isla de Baljenac.
En la actualidad, los muros permanecen ahora protegidos desde 2018, como parte de la Lista de la Unesco del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, apuntan desde el portal de ” Croatia Week”.








