Tras permanecer más de cuatro años fuera de Honduras, el expresidente Juan Orlando Hernández, retornó a Honduras, su llegada fue recibida con emotividad por sus familiares, su esposa Ana García, su madre y sus hijos y por cientos de simpatizantes del Partido Nacional que se movilizaron en caravanas portando banderas azules.
El regreso del exmandatario se produce meses después de haber sido beneficiado con un indulto presidencial otorgado por Donald Trump, decisión que anuló la sentencia de 45 años por narcotráfico que pesaba en su contra en la jurisdicción estadounidense y que hoy vuelve a situarlo en el centro del debate público nacional.
Sin embargo, el retorno de JOH no está exento de compromisos judiciales, ya que el exmandatario deberá comparecer el próximo 3 de agosto ante los tribunales hondureños para responder por las acusaciones en el denominado “Caso Pandora II”, además de buscar la restitución de más de un centenar de bienes que le fueron incautados.
Su presencia sacude de inmediato la coyuntura política del país, generando lecturas encontradas: mientras sus seguidores consideran su liberación e inminente defensa como una reivindicación histórica, sectores de la oposición y la sociedad civil advierten que su juzgamiento en suelo patrio pondrá a prueba la independencia de la institucionalidad judicial.









