El incremento de los precios de los combustibles ha profundizado la vulnerabilidad de la economía hondureña, debido a la alta dependencia del país de las importaciones de petróleo y sus derivados. Entre el 5 de enero y el 5 de octubre de 2026, el precio del diésel aumentó 82 % en Tegucigalpa, mientras la gasolina regular registró un alza de 53 %, según datos citados por la Nota Económica 011-2026 de la UNAH.
La presión no se limita al precio que pagan los consumidores en las estaciones de servicio. Durante 2025, Honduras destinó 2,380.2 millones de dólares a la importación de combustibles, equivalente al 5.9 % del Producto Interno Bruto y al 28.9 % del déficit comercial de bienes. Para abril de 2026, las importaciones de combustibles ya alcanzaban 958.7 millones de dólares, un 18.8 % más que en el mismo período de 2025.
Ante las nuevas alzas, el Gobierno implementó medidas temporales para reducir el impacto en los consumidores. Desde el 5 de octubre, el diésel recibe un apoyo de 12.01 lempiras por galón durante 30 días, mientras se mantiene el apoyo del 70 % para los aumentos de la gasolina regular. La UNAH advierte que esta medida puede brindar un respiro al transporte y las actividades productivas, pero representa un esfuerzo para las finanzas públicas y no elimina las causas externas del encarecimiento.
El impacto también puede trasladarse al precio del transporte, los alimentos y otros bienes, debido al papel que desempeña el diésel en camiones, autobuses, maquinaria e industrias. La nota señala que en agosto los precios de alimentos y energía registraban un incremento interanual del 10 %, frente al 2.3 % del resto de los precios, evidenciando la presión que el encarecimiento energético ejerce sobre el poder adquisitivo de los hogares.
Frente a este escenario, la UNAH plantea que Honduras debe combinar las medidas de alivio inmediato con soluciones de mediano y largo plazo. Entre las propuestas figuran focalizar las ayudas en los hogares más vulnerables, mejorar el transporte colectivo, fortalecer la protección social, optimizar el almacenamiento y distribución de combustibles y reducir progresivamente la dependencia del petróleo importado mediante una planificación de largo plazo en transporte y energía.









