Es la una de la madrugada de un sábado y acabas de tener una fiesta con tus amigos en la que ha habido mucha comida, risas y alcohol de por medio. Todos se han marchado ya (y han bajado la basura, como obliga el protocolo del buen invitado) pero te encuentras ahora ante el fregadero con una pila de platos y vasos que deben lavarse urgentemente, cuando lo único que te apetecería es tumbarte en la cama a pasar lo que queda de fin de semana.
¿Te es familiar esta escena tan bucólica? Si es así, probablemente sufras el Síndrome del que no le gusta limpiar la cocina, una afección bastante frecuente, especialmente cuando no tienes un lavavajillas. Suele aquejar al que lo padece cuando llega la noche y lo que más le apetece sería ponerse Netflix o tumbarse en la cama a contar ovejas. Sin embargo, hay alguna serie de trucos que puedes seguir (si lo sufres) para que el trabajo no se haga tan cuesta arriba. Lee atentamente.
Limpia mientras cocinas
En lugar de dejarlo todo para el final, cuando ya habéis cenado y estáis cansados, podéis ir limpiando aquello que ensuciáis conforme cocináis. Si sois varios en la familia os será más fácil, uno puede preparar la comida mientras el otro friega y seca aquello que el primero vaya manchando. Así, cuando hayáis acabado, no os encontraréis con toda la cocina empantanada.
Hazlo pronto
No se trata únicamente de una cuestión de vaguería sino de salud: dejar los platos sucios en la pila para limpiarlos a la mañana siguiente no es tan efectivo.








