Judith Nakintu, de 38 años, fue al hospital con su jefe Sadaffa Muhamed para vacunarse contra el COVID-19 pero perdió el conocimiento al entrar, y cuando despertó tenía cicatrices extrañas en su cuerpo. Un examen médico le mostró la verdad, ahora usa silla de ruedas y padece parálisis.
En el país africano de Uganda, Judith Nakintu de 38 años había encontrado trabajo en Nile Treasure Gate durante el 2019, una empresa ubicada en Arabia Saudita en la que realizaba tareas domésticas. Una oportunidad para salir adelante y mantener en buena situación a sus cinco hijos.
Sin embargo, desde que comenzó a trabajar no tuvo más contacto con su familia hasta que ellos fueron informados de un accidente que Judith había sufrido. Su jefe, Sadaffa Muhamed, le había dicho a la madre de la mujer que había sufrido un accidente automovilístico.
“Llamé a su empresa y les dije, contestaron que no tenían información al respecto”, dijo la madre de Judith según BBC.
Meses después, la empresa se puso en contacto con la mamá de la mujer para decirle que ella llegaría al aeropuerto durante ese mismo día, por lo que se fue a recibirla.
Aunque se sorprendió al ver a Judith usando una silla de ruedas, con dificultades para hablar y sufría de una parálisis en su cuerpo. Ante esto, fue llevada hasta un hospital por su madre para conocer un diagnóstico detallado, donde los doctores descubrieron que no tenía su riñón derecho. Resulta que su órgano había sido extirpado sin que ella supiera.
La empresa había asegurado anteriormente que Judith estaba bien, lo que se había respaldado con unos resultados de exámenes, pero la madre no les creyó y optó por investigarlo ella misma. Resulta que Muhamed había falsificado el informe médico para ocultar la verdad y engañar a la familia.
De acuerdo a NTV Uganda, Judith no recuerda cómo fue que le quitaron el riñón. Ella contó que su jefe la acompañó al hospital para vacunarse contra el COVID-19, pero cuando llegaron al centro médico perdió el conocimiento, y sospecha que fue durante ese rato que sometida a la cirugía sin su consentimiento.
Sobre todo porque al despertar notó extrañas cicatrices en su cuerpo, y Muhamed le dijo que había sufrido el supuesto accidente de tráfico.
La policía ugandesa ya trabaja en el caso y cuentan con los antecedentes necesarios para hacer justicia. “Con tal evidencia médica, que contradice agudamente lo que se presentó como falso, nos facilita acelerar el proceso de enjuiciamiento”, dijo Charles Twine, portavoz de los oficiales, de acuerdo a Tuko.
Mientras que Abdallah Kayonde, quien se encarga de los trabajadores migrantes, se comunicó con la empresa para que indemnicen a Judith con una suma de 170 mil dólares por quitarle el riñón sin su consentimiento para venderlo probablemente.








