En un atípico procedimiento migratorio, un grupo de 37 ciudadanos de nacionalidad mexicana que residían en Estados Unidos fueron arrestados por agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) mientras se trasladaban hacia sus lugares de trabajo, para posteriormente ser deportados a Honduras a bordo de un vuelo militar con destino al aeropuerto de San Pedro Sula.
La llegada de los migrantes mexicanos a territorio hondureño ocurre en el marco del constante flujo de retornos forzados desde suelo estadounidense. Según datos de organismos migratorios, Honduras recibe semanalmente un promedio de al menos 11 vuelos cargados de deportados, reflejo de las estrictas medidas de control fronterizo e interdicción puestas en marcha por la administración del presidente Donald Trump.
Las autoridades migratorias locales y cuerpos de auxilio brindaron la recepción e inspección correspondiente a los ciudadanos extranjeros tras su desembarco en la zona norte del país, mientras se coordinan los enlaces diplomáticos para su posterior repatriación hacia México.









