La familia tomó la decisión de refugiarse en una iglesia y apelar al “santuario”, una tradición que no está inscrita en el código legal.
Debido a la violencia que se vive en México a mano de los carteles del narcotráfico, la familia Pérez (cuya identidad protegemos con un apellido ficticio) temió por su futuro y decidió huir.
Pero ¿cómo esta familia que intentó escapar antes de que fuera tarde, terminó resguardada durante meses en una iglesia protestante en Canadá?
Y es que, es importante recordar, que en el año 2009 los cadáveres decapitados y exhibidos públicamente en puentes peatonales, se hicieron presentes constantemente en el país, cuyos objetivos era enviar advertencias de carteles que se peleaban entre sí el control del trafico de la droga.
La población civil empezó a verse afectada, especialmente quienes tenían ingresos que pudieran llamar la atención de los carteles, y eso hizo que muchos mexicanos empezaran a huir para protegerse.
Los Pérez, como otros mexicanos, tomaron la decisión de emigrar

La familia Pérez llegó primero a Estados Unidos y de allí intentaron cruzar a Canadá por la frontera terrestre. Lo que no sabían en ese momento es que, desde 2005, existe el acuerdo de tercer país seguro entre esos dos países.
Así que, con algunas excepciones, si alguien ha pasado previamente por EE.UU. no puede solicitar asilo al llegar a Canadá. Y eso les dijeron a los Pérez las autoridades canadienses, no escucharon su caso, simplemente los regresaron.
Terminaron de nuevo en México sobrellevando la situación. Abrieron un negocio de comidas cerca de un plantel educativo y, como otros, empezaron a percibir la violencia como parte del paisaje. Hasta que, nueve años después, la situación se volvió insostenible.
Los carteles empezaron a obligar a los civiles a colaborar con sus actividades ilícitas y quien se negaba se enfrentaba a la muerte. Ese fue el caso de los Pérez. En 2018 “intentaron forzarlos a vender droga en el negocio familiar y como se negaron, recibieron fuertes amenazas”, le explica a BBC Mundo Stewart Istvanffy, el abogado que hoy representa a la familia.
Los llamaban advirtiéndoles que si no colaboraban, tendrían que pagar una cuota periódica al cartel. La familia se mantuvo al margen, nunca aceptaron ser cómplices ni pagar extorsiones. Hasta que las intimidaciones se hicieron realidad. Una noche mientras estaban descansando en casa, el cartel prendió fuego a su negocio.
En un segundo intento, la familia planeó el viaje en poco tiempo y esta vez volaron directamente a Canadá. Al llegar al aeropuerto recibieron un permiso de estancia temporal por seis meses, al que tienen derecho por ser ciudadanos mexicanos.
En medio de la angustia por tener que regresar y enfrentarse al cartel que los ha atacado y amenazado, la familia tomó la decisión de refugiarse en una iglesia y apelar al “santuario”, una tradición que no está inscrita en el código legal, pero que se remonta “al derecho canónico anterior a la constitución de Canadá como país, cuando la iglesia tenía la facultad de proteger a quien se refugiaba allí”, explica Istvanffy.
Según informó la Agencia de Servicios Fronterizos de Canadá a CBC: “si bien no existe una restricción legal para que ingrese a un lugar de culto para ejecutar una orden de arresto, la Agencia prefiere involucrarse con las personas sujetas a la aplicación de las leyes de inmigración y la institución que brinda santuario con el objetivo de lograr el cumplimiento voluntario.” A los Pérez los acogió una iglesia protestante.
¿Qué se hace en una iglesia?

La Iglesia transmite a cada creyente la fe común y la articula en cada uno de ellos a modo personal y comunitario, en cuanto espacio de encuentro con el Dios revelado por Jesucristo. Eso significa que la Iglesia es sacramento, es decir, signo e instrumento de comunión con Dios y los hombres.








