Aunque el Partido Liberal logró movilizar a una gran cantidad de votantes y obtener una representación importante en el Congreso, muchos de sus miembros sienten que, al compartir el cogobierno con el Partido Nacional, apenas han recibido “migajas del pastel”.
La situación refleja frustración: a pesar de su peso electoral, consideran que los espacios de poder y la toma de decisiones importantes han estado mayormente en manos de los cachurecos, sugiriendo lo que muchos colorados afirman, que la negociación se balanceó más para un lado que para el otro..
Esta situación ha generado críticas internas y cuestionamientos sobre el equilibrio de poder en el cogobierno. Militantes y líderes liberales sienten que, pese a ser decisivos en muchas votaciones, su influencia real es limitada, y que el reparto de espacios no refleja de manera justa el respaldo que obtuvieron de la ciudadanía.









