En la primera misa del año 2026, que ha sido celebrada en la Basílica de San Pedro, el papa León XIV ha ofrecido un importante mensaje de paz marcado por la necesidad del desarme y la fraternidad universal.
Durante la Solemnidad de María Santísima Madre de Dios, que coincide con la 59ª Jornada Mundial de la Paz, el pontífice ha recordado que el camino hacia un futuro estable no se construye mediante la fuerza militar, sino a través de la apertura hacia el prójimo.
La pieza central de su homilía fue una contundente advertencia sobre la actual escalada de tensiones globales. El Papa ha subrayado que “el mundo no se salva afilando espadas, juzgando, oprimiendo o eliminando a los hermanos”, sino mediante el esfuerzo constante por comprender, perdonar y acoger a todos los seres humanos sin miedos ni cálculos previos.
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Para León XIV, la salvación y la paz residen en la vulnerabilidad y la gratuidad del amor, ejemplificadas en la figura del Niño Jesús.
Esta celebración representa el primer Año Nuevo del Papa como sucesor de Pedro, tras su elección en mayo de 2025. En sus palabras, ha vinculado el inicio de este ciclo con la capacidad de ofrecer una “vida nueva” a los demás ante unos 5,000 fieles que han estado presentes.

Además, ha descrito el 2026 como un camino abierto por descubrir, donde los cristianos deben actuar como portadores de libertad y dispensadores de perdón.
El mensaje también ha tenido un fuerte componente geopolítico, pues el pontífice criticó el alarmante aumento del 9.4% en el gasto militar mundial registrado durante el año anterior.
En ese sentido, ha lamentado que muchos gobernantes justifiquen el rearme bajo el pretexto del peligro que representan “los otros”, una narrativa que, según sus palabras, carece de esperanza y solo alimenta una desestabilización planetaria cada vez más imprevisible.
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El santo padre ha instado a los fieles y a los líderes mundiales a adoptar una idea de paz que definió como “desarmada y desarmante”. Esta visión busca proteger especialmente a los más humildes, quienes suelen ser las principales víctimas de los conflictos bélicos.
Finalmente, el acto ha servido para recordar el legado del “añorado” papa Francisco, cuyo Jubileo está próximo a concluir. León XIV ha cerrado su intervención invitando a todos a aventurarse en los meses venideros con la confianza puesta en la bondad divina, reafirmando que la acogida incondicional es la única herramienta capaz de detener la fabricación de nuevas “espadas” y transformar el panorama de violencia que ha marcado los últimos años.









