La problemática de la extorsión en Honduras continúa mostrando su rostro más crítico, especialmente en el sector transporte, donde la inseguridad se ha convertido en una constante. Lejos de encontrar soluciones, quienes forman parte de este rubro aseguran que la situación sigue deteriorándose mientras las respuestas oficiales no logran traducirse en resultados concretos. De acuerdo con datos manejados por el dirigente de este rubro Jorge Lanza, al menos 3 mil personas vinculadas al transporte han sido víctimas de la violencia, incluyendo conductores, ayudantes y propietarios.
Desde la dirigencia del transporte se advierte que los cambios dentro de las instituciones encargadas de la seguridad no han significado mejoras reales. A pesar de las sustituciones en altos cargos, las condiciones en las calles permanecen prácticamente iguales, lo que genera frustración y desconfianza entre quienes dependen de este sector para subsistir.
Las autoridades han señalado en distintas ocasiones limitaciones presupuestarias y operativas como obstáculos para enfrentar el problema. Sin embargo, para los transportistas, estas explicaciones contrastan con la realidad diaria que enfrentan, donde el riesgo es permanente y las medidas de protección resultan insuficientes.
En este contexto, el llamado del sector transporte no solo apunta a mayor seguridad, sino también a respuestas claras y efectivas. La exigencia se centra en acciones que vayan más allá de los discursos, con resultados que permitan recuperar la confianza y reducir una violencia que sigue cobrando vidas.
Más allá de las cifras, el impacto social deja huellas profundas. Familias enteras han quedado marcadas por la pérdida de sus seres queridos, enfrentando nuevas realidades en medio de la incertidumbre. La ausencia de justicia y la falta de identificación de los responsables incrementan la sensación de abandono.









