En el pasaje cuatro del casco urbano de Antiguo Cuscatlán, el arqueólogo salvadoreño, Carlos Flores Manzano, realizó una excavación donde encontró uno de los entierros más antiguos identificados en El Salvador. Este pasaje, es reconocido como “El sitio arqueológico del pasaje cuatro”, por el hallazgo de nueve entierros que pertenecían al período Preclásico Medio (900 a 650 a. C.).
El hallazgo de Flores Manzano podría datar de alrededor del año 850 antes de Cristo o incluso antes. Este hecho marca un hito para la investigación arqueológica nacional y abre nuevas preguntas sobre las primeras ocupaciones en el valle de Antiguo Cuscatlán.
El descubrimiento se produjo durante una intervención formal que, a diferencia de intentos previos, logró documentar con rigor la secuencia estratigráfica y cultural del área.
El sitio, ubicado en una de las zonas urbanas más densamente pobladas y comercialmente activas del país, ha representado un desafío logístico y científico para el equipo dirigido por Flores Manzano.
Hallazgo de un entierro preclásico: uno de los esqueletos más antiguo recuperados en El Salvador
El arqueólogo confirmó a Infobae El Salvador la recuperación de un entierro humano casi completo, con un estado de preservación cercano al noventa por ciento, a pesar de los daños naturales sufridos por el paso del tiempo.
Según Flores Manzano, este descubrimiento podría representar el entierro más antiguo registrado en El Salvador, con una fecha estimada de 850 años antes de Cristo o anterior.
“Apareció justo en el centro de la trinchera que excavábamos. Si hubiera estado solo unos centímetros más hacia el este o el oeste, su recuperación habría sido mucho más complicada”. Esta localización permitió no solo la extracción cuidadosa de los restos, sino también su registro detallado.
Antecedentes del sitio arqueológico Pasaje cuatro: no es el primer hallazgo
El sitio fue identificado en 1987, durante obras de introducción de tuberías de aguas negras y lluvias en Antiguo Cuscatlán, bajo la supervisión del ingeniero Mario Flint.
El hallazgo accidental fue reportado y posteriormente investigado por Paul Amaroli y Gregorio Bello Suazo, quienes realizaron un registro preliminar del último contexto excavado donde encontraron nueve osamentas. Sin embargo, hasta la fecha no se habían llevado a cabo excavaciones formales en el área debido a la complejidad logística del entorno urbano.
Flores Manzano retomó el tema años después, gestionando los permisos necesarios ante el Ministerio de Cultura y la alcaldía de Antiguo Cuscatlán, y coordinando los trabajos sin interrumpir la vida cotidiana de los vecinos ni la actividad comercial de la zona.
La mayor dificultad, según el arqueólogo, fue organizar los trabajos sin generar molestias mayores a los residentes y comerciantes del área, quienes conviven con el proyecto arqueológico en medio de una dinámica urbana intensa.
“Es muy complicado porque aquí hay mucho comercio. Esa ha sido la principal dificultad que hemos enfrentado en este proyecto”.
Una excavación con sentido
El objetivo principal de la intervención fue comprender la secuencia estratigráfica y arqueológica del área y, en particular, determinar el horizonte cultural al que correspondían los entierros hallados en 1987. Flores Manzano partió de la hipótesis de que podrían hallarse más entierros, como ocurre en otros sitios preclásicos de El Salvador, donde suelen encontrarse grupos de treinta o más individuos.
El diseño de la excavación priorizó el registro minucioso de los materiales culturales y de los distintos horizontes geológicos presentes en el sitio, anticipando la posibilidad de nuevos descubrimientos.
¿Cómo se determina la antigüedad del entierro encontrado?
Para establecer la antigüedad de los restos, el equipo recurrió al estudio de las capas volcánicas y al análisis comparativo con otros hallazgos regionales.
En 1999, Paul Amaroli y Robert Dooley identificaron surcos de cultivo bajo el bulevar Merliot y realizaron una datación por radiocarbono sobre restos de carbón vegetal. La investigación determinó que la erupción del Plan de la Laguna ocurrió alrededor del 850 a. C., momento en que la agricultura estaba activa en la zona.
Los restos hallados en Pasaje cuatro se encuentran bajo estas capas volcánicas, lo que indica que su antigüedad es igual o mayor a la de la erupción. “Por eso creo que puede ser 850 o antes”, explicó Flores Manzano.









