Cuando se piensa en la monarquía británica, la imagen que suele venir a la mente es la de palacios imponentes, salones dorados y propiedades históricas de valor incalculable. Sin embargo, no todas las viviendas de la familia real responden a ese estereotipo. Una de las más discretas es Nottingham Cottage, la pequeña casa donde el príncipe Harry vivió durante varios años y que, según él mismo ha confesado, le generaba cierta incomodidad al mostrarla a Meghan Markle.
Situada dentro de los terrenos del Palacio de Kensington, Nottingham Cottage —conocida popularmente como “Nott Cott”— es una vivienda de apenas 123 metros cuadrados. Cuenta con dos dormitorios, techos bajos y estancias reducidas, muy lejos de la grandeza asociada a la realeza británica y aún más distante de las lujosas residencias que el duque de Sussex ha habitado después.
Una propiedad con siglos de historia
La historia de Nottingham Cottage está íntimamente ligada a la del Palacio de Kensington. A finales del siglo XVII, el rey Guillermo III y la reina María II adquirieron la finca conocida entonces como Nottingham House. El precio de compra en 1689 fue de £20,000, una cifra modesta si se compara con el valor actual del complejo, estimado en más de £400 millones.
La transformación del lugar fue encargada al prestigioso arquitecto Sir Christopher Wren, quien amplió y renovó la propiedad. Con el paso del tiempo, surgieron varias residencias auxiliares dentro del recinto, entre ellas Nottingham Cottage, Ivy Cottage y Wren Cottage, destinadas a alojar a miembros de la familia real en distintas etapas.
El paso de William y Kate por Nottingham Cottage
Antes de que el príncipe Harry se instalara allí, Nottingham Cottage fue el hogar del príncipe William y Kate Middleton entre 2011 y 2013. Durante ese período, su residencia principal estaba en la isla de Anglesey, en el norte de Gales, donde William trabajaba como piloto de rescate.
Tras el nacimiento del príncipe George en julio de 2013, la pareja pasó sus primeros meses como familia en Nottingham Cottage. Más tarde, se mudaron al Apartamento 1A del Palacio de Kensington, una vivienda de 20 habitaciones que fue sometida a una extensa y costosa renovación.
El “hogar de soltero” del príncipe Harry
A finales de 2013, el príncipe Harry se mudó a Nottingham Cottage, que rápidamente fue apodada por los medios como su “hogar de soltero”. Aunque modesta, la casa se convirtió en un lugar clave en su vida personal, ya que fue allí donde inició una nueva etapa sentimental junto a Meghan Markle.
En noviembre de 2017, Harry le propuso matrimonio a Meghan en el jardín amurallado de la cabaña. Según relató la pareja en su entrevista oficial de compromiso, la propuesta fue sencilla y espontánea, lejos de cualquier protocolo real. Meghan recordó que estaban intentando asar un pollo cuando ocurrió el momento, lo que hizo que la sorpresa fuera aún mayor.
Una casa que no parecía un palacio
Pese al valor emocional que tenía la vivienda, el príncipe Harry admitió en sus memorias Spare que sentía cierta vergüenza al recibir a Meghan en Nottingham Cottage. “No era un palacio”, escribió, reconociendo que el tamaño reducido y las condiciones de la casa contrastaban con la imagen pública de la realeza.
En la docuserie Harry & Meghan, ambos describieron las particularidades de la vivienda: techos muy bajos, suelos inclinados y espacios poco funcionales. Harry incluso bromeó diciendo que se golpeaba la cabeza constantemente debido a su estatura.
El final de una etapa en Kensington
Tras su boda en mayo de 2018, la reina Isabel II les obsequió Frogmore Cottage como regalo nupcial. La propiedad fue renovada con una inversión millonaria antes de que la pareja se mudara allí y diera la bienvenida a su hijo Archie en 2019.
Sin embargo, su estancia fue breve. En 2020, el príncipe Harry y Meghan Markle renunciaron a sus funciones como miembros activos de la familia real y se trasladaron a Estados Unidos, iniciando una nueva vida lejos de la Corona británica.
Después de su salida, Nottingham Cottage habría sido ocupada temporalmente por la princesa Eugenia y su familia, aunque su residencia allí no fue permanente.
Hoy, Nottingham Cottage queda como un símbolo de contraste dentro de la monarquía: una vivienda sencilla que formó parte de la historia personal de el príncipe Harry, recordando que incluso dentro del mundo real existen espacios modestos y etapas de vida alejadas del lujo.









