La utopía animal del difunto Pablo Escobar, uno de los más sanguinarios jefes del narcotráfico en Colombia, terminó convirtiéndose en una verdadera pesadilla ecológica. Este lunes, el Gobierno de Colombia oficializó una de las decisiones más complejas y debatidas en materia de biodiversidad: la autorización para aplicar la eutanasia a 80 hipopótamos que pertenecieron al capo narco.
Los animales viven en los alrededores de la llamada Hacienda Nápoles, un predio rural ubicado en Puerto Triunfo, departamento de Antioquia, que perteneció a Escobar y hoy está dedicado a actividades turísticas. La presencia de cerca de 160 de estos gigantes africanos en el corazón de Colombia no es un accidente de la naturaleza, sino el resultado de la excentricidad y el poder desmedido del narcotráfico en los años 80, según el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible.
Irene Vélez, ministra encargada de Ambiente y Desarrollo Sostenible, explicó que tomaron la medida de autorizar la eutanasia de 80 de estos ejemplares debido al crecimiento descontrolado de esta especie invasora en la cuenca del río Magdalena.
“Sin esa acción es imposible controlar la población, y, como ya vimos, en las estimaciones implicaría que a 2030 tendríamos al menos 500 hipopótamos afectando nuestros ecosistemas y a nuestras especies nativas, como el manatí y como la tortuga de río. Es con responsabilidad con nuestro ecosistema que tenemos que tomar estas acciones”, dijo Vélez este lunes en conferencia de prensa.
Cuatro hipopótamos en Colombia: el origen de la pesadilla ecológica
En 1981, Pablo Escobar, jefe en ese entonces del llamado Cartel de Medellín, decidió construir el zoológico privado más grande de América Latina, una forma de ostentar su poder y dinero. Para eso, adquirió una gran variedad de especies, como cebras, elefantes y jirafas, que fueron importadas ilegalmente desde un zoológico de Estados Unidos. Entre los animales exóticos que llegaron había cuatro hipopótamos: un macho y tres hembras.









