Lo que parece sacado de una película de ciencia ficción ocurrió en una planta de reciclaje, donde varios robots fueron preparados para cumplir una última y extrema misión antes de ser retirados: saltar por sí solos a un horno de acero fundido.
La empresa Figure, dedicada al desarrollo de robots humanoides, decidió poner a prueba a sus antiguos equipos enseñándoles a desplazarse de manera autónoma hasta el lugar donde serían destruidos. La idea era aprovechar sus últimos momentos de funcionamiento para facilitar el proceso de reciclaje de los componentes metálicos.
Durante la prueba, los robots utilizaron sus capacidades de movimiento para dirigirse hacia el horno y realizar el salto sin que una persona tuviera que empujarlos o introducirlos manualmente. El procedimiento llamó la atención por la particular escena de máquinas caminando voluntariamente hacia su propia destrucción.
Aunque la imagen puede parecer sacada de Terminator, el objetivo era mucho más práctico: retirar robots antiguos y recuperar sus materiales de manera eficiente. El experimento también muestra hasta qué punto estas máquinas pueden ejecutar tareas físicas de forma autónoma siguiendo instrucciones previamente establecidas.









