Hubo Mundiales mejores organizados. Hubo otros con finales más dramáticas. Algunos tuvieron más goles, otros dejaron historias políticas, culturales o emocionales imposibles de olvidar. Pero cuando se pone sobre la mesa una sola pregunta —qué Copa del Mundo reunió la mayor cantidad de estrellas, leyendas y futuros íconos del fútbol en un mismo escenario— pocas ediciones, por no decir ninguna, pueden competir con Alemania 2006.
A dos décadas de aquel torneo, el tiempo parece haber fortalecido una teoría que para muchos ya dejó de ser una simple percepción nostálgica: el Mundial de 2006 fue la reunión más extraordinaria de talento y de nombres que haya tenido una Copa del Mundo.
Porque en aquellas canchas convivieron futbolistas que ya eran monumentos del deporte con jóvenes que terminarían dominando el fútbol durante los siguientes 15 años. Fue el último baile de una generación irrepetible y, al mismo tiempo, el nacimiento de otra que cambiaría la historia.
En Alemania coincidieron Zinedine Zidane, Ronaldinho, Ronaldo Nazário, Andrea Pirlo, Gianluigi Buffon, Francesco Totti, Thierry Henry, Luis Figo y Fabio Cannavaro en plenitud competitiva. Pero también aparecían jóvenes como Lionel Messi, Cristiano Ronaldo, Luka Modrić, Andrés Iniesta, Franck Ribéry, Philipp Lahm y Bastian Schweinsteiger, futbolistas que luego dominarían Europa y las grandes competiciones internacionales.









