Este domingo 24 de febrero la industria cinematográfica de Hollywood vive de nuevo su noche más importante en una edición que alcanza ya 91 años de vida y que se ha caracterizado por ser de lo más controvertida.
Y es que la Academia presidida por John Bailey ha tomado una serie de medidas que no han sentado muy bien ni entre algunos de los académicos ni entre el resto de la comunidad del séptimo arte, con la intención de aumentar la audiencia de la gala de los Oscar y hacerla más corta de lo habitual.
La primera decisión polémica tuvo lugar el pasado verano con el hecho de premiar la película más popular con una estatuilla dorada, una propuesta que tuvo que ser retirada poco después ante los ataques de los puristas, principalmente.
Una de las novedades más sonadas de esta edición es que no contará con un presentador oficial, algo que no ocurría desde hace 30 años.
En teoría, el humorista Kevin Hart debería haber ejercido de maestro de ceremonias, pero tras varios estira y afloja con la institución tras haber renunciado al cargo dos días después de aceptar al salir a la luz unos tuits homófobos publicados hace años, la Academia no tuvo más remedio que anunciar oficialmente que la gala iba a ser conducida sin anfitrión.cortesíalavanguardia








