Tesla dio un paso que podría cambiar el rumbo de la industria tecnológica al comenzar el desmantelamiento de una de sus líneas de producción de vehículos en la planta de Fremont, California, para destinar ese espacio a la fabricación masiva de Optimus, su robot humanoide impulsado por inteligencia artificial. La decisión forma parte de la estrategia de Elon Musk para convertir la robótica en el próximo gran negocio de la compañía.
El cambio implica el fin de la producción de los emblemáticos Model S y Model X, cuyos espacios serán ocupados por nuevas líneas automatizadas capaces de ensamblar miles de robots diseñados para realizar tareas industriales, domésticas e incluso de asistencia personal. Tesla proyecta alcanzar una producción de hasta un millón de unidades al año en el futuro.
Optimus utiliza la misma base tecnológica que los sistemas de conducción autónoma de Tesla, combinando visión artificial, redes neuronales y aprendizaje automático para interactuar con el entorno. Musk sostiene que estos robots podrán asumir trabajos repetitivos, peligrosos o físicamente exigentes, marcando el inicio de una nueva etapa donde la inteligencia artificial trasciende los automóviles.
La apuesta representa uno de los mayores giros en la historia de Tesla: una empresa que revolucionó los vehículos eléctricos ahora busca liderar el mercado de los robots humanoides. Si el proyecto tiene éxito, las fábricas que antes ensamblaban automóviles podrían convertirse en centros de producción de máquinas inteligentes destinadas a convivir y trabajar junto a los seres humanos.









