El secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, se refiere a la transición democrática en Venezuela, durante su comparecencia de este miércoles ante el Senado para desglosar la política de la administración de Donald Trump hacia el país sudamericano.
Rubio ha asegurado que, aunque Washington no planea una intervención militar, el objetivo central es guiar al país hacia una transición que culmine en elecciones libres y justas, subrayando que la estabilidad regional es la prioridad absoluta tras la salida de Nicolás Maduro.
Durante su intervención, ha enfatizado que Estados Unidos busca una Venezuela “amiga, próspera y democrática”.
Sin embargo, ha aclarado que para alcanzar este escenario, el actual gobierno interino liderado por Delcy Rodríguez debe cooperar plenamente. Aunque ha descartado ataques inminentes, el funcionario ha advertido en su discurso escrito que el uso de la fuerza sigue siendo una opción latente si la colaboración de Caracas cesa o se desvía de los objetivos democráticos.
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Uno de los puntos clave de la estrategia estadounidense es el control de los recursos energéticos, por lo que ha explicado un mecanismo de supervisión que permite a Venezuela vender petróleo sancionado a precios de mercado.
Estos fondos están destinados a financiar el aparato gubernamental y la seguridad, asegurando que los ingresos beneficien al pueblo y no a las estructuras de corrupción del sistema anterior, estabilizando así la economía nacional.
En cuanto a la participación política, el secretario de Estado ha destacado que figuras de la oposición, específicamente la Premio Nobel de la Paz, María Corina Machado, tienen un lugar fundamental en este proceso de transición.
Marco Rubio tiene previsto reunirse con Machado en el Departamento de Estado, reforzando el respaldo de Washington a los sectores democráticos que han luchado contra el régimen precedente.
A pesar de los avances, ha reconocido que “el control de las armas y las instituciones” sigue en manos del actual régimen administrativo, lo que hace que la transición sea delicada.
Además, ha mencionado que, si bien se están liberando presos políticos, el proceso es más lento de lo esperado, y recordó que aún permanecen cerca de 2 mil personas detenidas por motivos políticos en el país.
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Sobre la figura de Delcy Rodríguez, Rubio ha marcado que una diferencia clara respecto a su predecesor. Ante los cuestionamientos sobre posibles investigaciones de la DEA, el secretario ha aclarado que la presidenta interina no enfrenta imputaciones ante la justicia estadounidense, a diferencia de Maduro.
Este matiz facilita, por ahora, el mantenimiento de “conversaciones directas y respetuosas” entre ambas administraciones.
La segunda fase del plan estadounidense contempla la normalización total de la industria petrolera venezolana. La administración Trump celebra las recientes reformas legales en el Parlamento venezolano que eliminan restricciones a la inversión privada, lo que permitiría una recuperación económica basada en ventas transparentes y sin favoritismos, aprovechando las mayores reservas de crudo del mundo.
Marco Rubio ha puesto como ejemplo la transición democrática española para ilustrar el camino que Venezuela podría seguir. El éxito de este plan dependerá de la apertura de espacios políticos reales y de la capacidad del gobierno de Rodríguez para cumplir con las demandas de transparencia y libertad que exige la comunidad internacional encabezada por Estados Unidos.









