El sueño de Jonathan era poder ver el océano con sus ojos por primera vez en su vida. Para los médicos, este paseo le ayudará a continuar con su complejo tratamiento.
No todos los pacientes ni hospitales pueden presumir que sus equipos médicos realizan una atención que va más allá de los diagnósticos y tratamientos. Y es que durante los últimos años ha tomado cada vez más relevancia el aspecto humano de aquellas personas que están hospitalizadas.
Es por eso que las instituciones médicas ponen la dignidad por sobre cualquier otra cosa, al momento de atender a los pacientes y de tomar decisiones con respecto a sus tratamientos.

Ese aspecto es muy importante para que así se puedan enfrentar las enfermedades graves de mejor forma, no solamente en el ámbito de la ciencia y la medicina, sino que también en el aspecto espiritual y de salud mental de los pacientes.
Hay veces en que las enfermedades conllevan tratamientos tan complejos y tediosos que una pequeña pausa o distracción puede ayudar mucho al paciente en su motivación para continuar con su recuperación.

De hecho, una de las cosas que se ha popularizado durante el último tiempo son las salas de videojuegos y de consolas, en donde los niños que están hospitalizados pueden pasar su rato mientras se someten a quimioterapias.
Hace unos días se hizo conocido otro caso, el de un equipo médico del Hospital Dr. Carlos Macieira, en São Luís, Brasil, quienes decidieron sacar de la rutina hospitalaria a un paciente para que cumpliera un sueño: conocer el mar.
Para eso llevaron a Jonathan a la playa, un niño que lleva hospitalizado varios meses y que nunca había estado en contacto con el océano.
Como su condición es complicada, lo llevaron en una camilla y una ambulancia, para tener todos los elementos médicos a disposición en caso de alguna recaída. Eso sí, el niño tenía derecho a poder bañarse y tocar el mar con su cuerpo.
Los profesionales intentaron que el día fuera como el de cualquier otra persona que va a la playa y disfruta del día. Es por eso que Jonathan bebió agua de coco, se bañó en el mar y pudo descansar en la arena.
Con este gesto, tanto la familia como los médicos, lograron que el niño pudiera salir de su rutina hospitalaria y darse un descanso de los duros tratamientos.








