Tuvo una brillante carrera policial, fue considerado un verdugo del crimen organizado, sin embargo, a sus 62 años, Juan Carlos Bonilla Valladares, conocido como “El Tigre”, es acusado por la Fiscalía de Estados Unidos para el Distrito Sur de Nueva York por tráfico de drogas y armas.
En los últimos dos años, el Tigre Bonilla se refugió en la clandestinidad; pero ayer, cuando viajaba de Comayagua a El Paraíso, agentes de del Grupo de Operaciones Especiales Tácticas lo capturaron en el peaje de Zambrano, Francisco Morazán.
El 30 de abril de 2020, Geoffrey S. Berman, fiscal de los Estados Unidos para el Distrito Sur de Nueva York, y Wendy Woolcock, agente especial a cargo de la División de Operaciones Especiales de la Administración para el Control de Drogas de los Estados Unidos (DEA), anunciaron que ese día acusaron a Bonilla en la Corte Federal de Manhattan de conspirar para importar cocaína a Estados Unidos y cometer delitos relacionados con armas que involucran el uso y posesión de ametralladoras y dispositivos destructivos.
Las autoridades de Estados Unidos señalan a Bonilla de ser parte de una red poderosa de narcotráfico en la cual participaban capos hondureños que se encuentran presos en Estados Unidos, entre ellos el exdiputado Juan Antonio Hernández, acusados de hacer negocios ilícitos con el líder del cartel de Sinaloa, Joaquín Archivaldo Guzmán.
ACUSACIÓN DE EE. UU.
En la acusación presentada en Nueva York, la Fiscalía relata que Bonilla Valladares formó parte de la Policía Nacional de Honduras de, aproximadamente, 1985 a 2016. Durante ese tiempo ocupó posiciones de alto rango, como una jefatura regional y una jefatura nacional.
Él, según fiscales, aprovechó esas posiciones “para facilitar el tráfico de cocaína y utilizó la violencia, incluido el asesinato, para proteger la célula particular de narcotraficantes políticamente conectados con los que se alineó, incluyendo Juan Antonio Hernández Alvarado (…) y CC4” (Juan Orlando Hernández).
A cambio de sobornos pagados con ganancias de drogas, Bonilla les ordenó a miembros de la Policía Nacional (que estaban armados con ametralladoras) que dejaran pasar cargamentos de cocaína a través de retenes policiales sin ser inspeccionados ni incautados, según la Fiscalía neoyorquina.
Además, el Tigre, en coordinación con Tony Hernández y otros narcos, también proporcionó a los miembros de su conspiración información confidencial (sobre operaciones de interdicción aérea y marítima) de las fuerzas del orden público para facilitar los envíos de droga.
Según la acusación, por considerarlo un hombre altamente violento, Tony Hernández y Juan Orlando Hernández “confiaron en Bonilla tareas especiales, incluido el asesinado (…) de un narcotraficante rival” que intentó evitar que su cartel trasladara cocaína cerca de la frontera con Guatemala.
DELITOS
La Fiscalía norteamericana acusa a Bonilla precisamente de tres delitos: “(1) conspirar para importar cocaína a los Estados Unidos, (2) usar y portar ametralladoras y dispositivos destructivos durante y en relación con, y poseer ametralladoras y dispositivos destructivos para promover, la conspiración de importación de cocaína, (3) conspirar para usar y portar ametralladoras y dispositivos destructivos durante y en relación con, y poseer ametralladoras y dispositivos destructivos para promover la conspiración de importación de cocaína”.
En caso de ser declarado culpable en Estados Unidos, el Tigre, “enfrenta una sentencia mínima obligatoria de 10 años de prisión y una pena máxima de cadena perpetua por el primer cargo, una sentencia mínima obligatoria de 30 años de prisión y una pena máxima de cadena perpetua por el segundo cargo, y un término máximo de cadena perpetua en el cargo tres”.








