El pastor Sergio Amezcua convirtió su iglesia cristiana de Mineápolis en un banco de alimentos que beneficia a más de 16.000 familias, principalmente inmigrantes, afectados por la ofensiva de agentes federales en la ciudad donde ya miles de voluntarios se han sumado a la iniciativa.
El templo donde Amezcua, de origen mexicano, se convierte en un enorme centro de acopio donde voluntarios se registran para repartir cajas de alimentos, pañales y medicina a miles de personas de la ciudad golpeados por la crisis provocada por las masivas e intensas redadas del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) de las ultimas semanas.
«Cuando he ido a repartir comida he visto mamás con bebés cuyos padres fueron deportados y no saben cómo pagar la renta. También he visto a menores de 2 o de 5 años siendo capturados o la impotencia de los más necesitados en esta crisis», dice a EFE Amezcua, en su oficina en la iglesia Dios Habla Hoy, ubicada al sur de Mineápolis rodeada de una zona residencial y comercios hispanos.
Una enorme y diversa red de voluntarios
La iniciativa que nació a finales de 2025, cuenta ahora con al menos 4.000 personas, en su mayoría ciudadanos estadounidenses y residentes de Minnesota, que se presentan diariamente a la iglesia de Amezcua, aún sin compartir la misma religión para aportar en la repartición de comida.
«Nuestros primeros voluntarios fueron miembros de la comunidad LGTBIQ+» explica el pastor y agrega que llegaron «cuando más los necesitaban» porque tenían grandes donaciones de comida pero en ese momento pocas manos para repartir.
«Hay musulmanes, ateos, hispanos (…) la Policía de Mineápolis incluso nos ha ayudado a repartir comida», señala el líder de 45 años, pastor desde hace más de una década y que tiene 25 años de haberse establecido en esta ciudad, incluso sus hijos nacieron en ella.
Mientras atiende la entrevista, Amezcua recibe varias llamadas de personas que buscan donar alimentos, desde pollo, leche y fórmula para bebés.
Además, explica que la ayuda proviene principalmente de empresarios o incluso se han visto sorprendidos por cargamentos enviados por políticos del estado y de otras partes del país.









