Pakistán bombardeó el este de Afganistán y dejó al menos 28 civiles muertos y 49 heridos, según confirmó de forma independiente la Misión de Asistencia de las Naciones Unidas en Afganistán (UNAMA), que advirtió de que las cifras son preliminares y podrían aumentar. El gobierno talibán eleva el balance a 36 fallecidos —entre ellos mujeres y niños— y más de 163 heridos.
Los ataques aéreos y terrestres se produjeron la noche del domingo en las provincias fronterizas de Paktia, Paktika y Kunar. El portavoz adjunto del ejecutivo afgano, Hamdulá Fitrat, detalló que un primer bombardeo sobre una vivienda en el distrito de Chamkani, en Paktia, mató a un anciano y a un niño. Cuando los vecinos se congregaron para socorrer a los heridos, la zona fue atacada por segunda vez, lo que causó la muerte de 28 aldeanos y dejó 158 heridos.
En el distrito de Giyan, provincia de Paktika, seis personas —en su mayoría mujeres y niños— murieron al ser alcanzada otra vivienda. Un tercer bombardeo sobre una casa en Kunar no causó víctimas humanas, pero mató unas 30 cabezas de ganado y destruyó la propiedad por completo.
El ministro de Información de Pakistán, Attaullah Tarar, reivindicó las operaciones como una respuesta directa a “múltiples incidentes terroristas” en suelo paquistaní, y aseguró que los objetivos eran refugios de Jamaat-ul-Ahrar —facción escindida en 2014 del Tehreek-e-Taliban Pakistan (TTP)— y del grupo Fitna al-Khwarij, denominación con la que Islamabad designa al TTP. Según Tarar, los ataques de precisión abatieron a 25 combatientes y destruyeron “una gran cantidad de armas y municiones”.
El detonante inmediato fue un asalto perpetrado el sábado por la noche contra el cuartel general de los Rangers de Pakistán en Karachi, que se saldó con tres soldados muertos y cuatro heridos. Jamaat-ul-Ahrar reivindicó el ataque. Tras el tiroteo, las fuerzas de seguridad abatieron a tres agresores y detuvieron a un cuarto, identificado por el ejército como ciudadano afgano. La policía difundió una declaración del detenido en la que atribuía la planificación del atentado a Jamaat-ul-Ahrar, aunque los cables no precisan si la confesión fue obtenida bajo coacción.
Tarar compartió en X tres videos que, según afirmó, mostraban proyectiles impactando en campamentos de los grupos armados en las tres provincias afganas. Prometió que la campaña “continuará a plena marcha para erradicar la amenaza del terrorismo patrocinado y apoyado desde el extranjero”.









