Donald Trump recibió este jueves en la Casa Blanca al presidente de El Salvador, Nayib Bukele, convertido ya en algo mucho más influyente y poderoso que el mandatario de uno de los países más pequeños del continente. Bukele ha sido encumbrado en Washington como el principal socio de la nueva política iberoamericana de Estados Unidos y como referente de un modelo político basado en el control territorial, la guerra frontal contra las organizaciones criminales, el endurecimiento migratorio, la concentración del poder ejecutivo y, sobre todo, una estrecha alianza con Trump.
Lejos quedan los días en que Bukele era tratado como una suerte de apestado en Washington. Viajó a la capital estadounidense tras la investidura de Joe Biden, en 2021, con la expectativa de ser recibido en la Casa Blanca, pero la Administración demócrata le cerró las puertas. Aquella distancia política precedió a una etapa marcada por el descontrol migratorio, la pérdida de control fronterizo y una relación cada vez más tensa con varios gobiernos de la región.
La invitación de ahora demuestra que Bukele tiene las puertas abiertas. Ya estuvo con Trump en abril de 2025. En esta ocasión fue un encuentro de trabajo, sin séquito ni recibimiento oficial. Es además un respaldo personal, pues se produce pocos días después de que Bukele fuera proclamado candidato para las elecciones de febrero de 2027, en las que aspira a un tercer mandato consecutivo gracias a su eliminación de los límites a la reelección. Trump no ha cuestionado esa reforma y, por el contrario, ha aumentado públicamente su respaldo al dirigente salvadoreño.









