Una tormenta invernal en Estados Unidos con proporciones históricas ha puesto en jaque a gran parte del país, dejando a más de 160 millones de personas bajo advertencias y alertas climáticas.
El fenómeno, que avanza con furia desde el oeste hacia el noreste, ha generado condiciones de ventisca extrema, acumulaciones masivas de nieve y un descenso térmico que amenaza con romper récords de frío en varias regiones del país.
El Servicio Meteorológico Nacional (NWS) de Estados Unidos ha calificado la situación como “potencialmente mortal”, instando a la población a evitar los viajes no esenciales.
La combinación de vientos huracanados y nieve densa ha reducido la visibilidad a cero en estados clave como las Dakotas, Minnesota y Wisconsin, donde las autoridades han tenido que clausurar tramos enteros de autopistas interestatales debido a accidentes masivos y vehículos varados.

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El impacto en el transporte aéreo ha sido devastador. Miles de vuelos han sido cancelados o retrasados en los principales centros de conexión como Chicago, Denver y Minneapolis.
Las aerolíneas han emitido exenciones de viaje, mientras los aeropuertos luchan por mantener las pistas libres de hielo, en un esfuerzo que parece insuficiente ante la velocidad con la que se acumula la nieve, que en algunas zonas ya supera los 60 centímetros.
Por otro lado, la infraestructura eléctrica también está bajo una presión extrema. Los fuertes vientos y el peso del hielo en las líneas de alta tensión han dejado a cientos de miles de hogares sin energía en pleno invierno.
Las cuadrillas de reparación trabajan a contrarreloj, pero las condiciones climáticas dificultan el acceso a las zonas más afectadas, aumentando el riesgo de hipotermia para las familias que han quedado sin calefacción.
En las grandes ciudades de la costa este, como Nueva York y Boston, la tormenta se espera con ráfagas de viento que podrían causar inundaciones costeras. Aunque se prevé una mezcla de lluvia y nieve, las autoridades han activado protocolos de emergencia, preparando flotas de camiones saleros y refugios para personas en situación de calle, ante la inminente llegada de la masa de aire ártico que sigue al frente de la tormenta.
El sector escolar y administrativo ha sufrido una parálisis casi total en el Medio Oeste, ya que, cientos de distritos escolares han suspendido clases presenciales, migrando al formato virtual o cancelando actividades por completo.
El cierre de oficinas gubernamentales y comercios ha transformado a ciudades vibrantes en pueblos fantasma, mientras los ciudadanos se resguardan siguiendo las instrucciones de las autoridades locales.

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Los expertos advierten que lo peor de la tormenta podría estar por venir para los estados del noreste. El fenómeno de “bombogénesis” o ciclón bomba es una posibilidad real, lo que intensificaría las precipitaciones y los vientos en las próximas horas.
Los servicios de emergencia se mantienen en alerta máxima, priorizando el rescate de conductores atrapados y la atención de incidentes relacionados con la caída de árboles.
Ante la magnitud del evento, el Gobierno Federal ha puesto a disposición recursos de la Guardia Nacional para asistir en las labores de despeje y rescate.
En ese sentido, la recomendación sigue siendo la misma, mantenerse bajo techo, contar con suministros de emergencia y estar atentos a las actualizaciones de los radares, debido a que la tormenta continúa su trayectoria destructiva hacia el Atlántico.









