SpaceX volvió a acaparar la atención mundial tras realizar con éxito el duodécimo vuelo de prueba de su sistema Starship, el cohete más grande y potente jamás construido. El lanzamiento se llevó a cabo desde Starbase, en Texas, y forma parte de los planes de la compañía de Elon Musk para futuras misiones a la Luna y Marte.
Durante la misión, el sistema de dos etapas —el propulsor Super Heavy y la nave Starship— logró separarse correctamente, uno de los puntos críticos de la prueba. Aunque el vuelo presentó algunos contratiempos técnicos, el resultado general fue considerado un avance importante dentro del desarrollo del programa espacial.
Uno de los momentos clave fue el amerizaje controlado de la nave en el océano Índico, una maniobra que demuestra progresos en la capacidad de retorno y reutilización del vehículo. Este tipo de pruebas es fundamental para reducir costos y aumentar la viabilidad de futuras misiones tripuladas.
La compañía celebró el resultado como un paso más hacia su objetivo de convertir Starship en un sistema operativo para viajes espaciales de gran escala. El avance refuerza además el papel de SpaceX en la nueva carrera espacial, donde Estados Unidos busca mantener ventaja frente a otras potencias tecnológicas.









