El Gobierno de España expulsa a embajador de Nicaragua en Madrid, Mauricio Carlo Gelli, junto a otro diplomático de la delegación nicaragüense. Esta medida, ejecutada bajo las instrucciones del Ministerio de Asuntos Exteriores, marca un nuevo punto crítico en las ya tensas relaciones bilaterales entre ambas naciones.
La decisión adoptada por el departamento que dirige José Manuel Albares se produce en “estricta reciprocidad”. La acción responde directamente a la previa expulsión del embajador español en Managua, Sergio Farré Salvá, y de su segunda jefatura, una maniobra que el Ejecutivo español ha calificado formalmente como “injusta”.
Sergio Farré Salvá apenas llevaba poco más de un mes en su cargo en la capital nicaragüense, tras haber sido nombrado el pasado 2 de diciembre. A pesar que este 2026 se conmemoran 175 años de relaciones diplomáticas entre España y Nicaragua, el clima de entendimiento se ha visto fracturado por las acciones del régimen de Daniel Ortega.

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Fuentes diplomáticas indicaron que, aunque se ha procedido a la expulsión de los diplomáticos nicaragüenses, España mantiene su voluntad de trabajar por mantener las mejores relaciones posibles con el pueblo de Nicaragua.
No obstante, el Gobierno español ha sido firme en su postura de no reconocer la legitimidad de las últimas elecciones del país centroamericano.
Este enfrentamiento no es un hecho aislado. En agosto de 2021, España ya llamó a consultas a su entonces embajadora en Managua tras recibir ataques verbales e injerencias por parte de la Cancillería nicaragüense.
Para 2022, Nicaragua también retiró a su representante en Madrid alegando “presiones y amenazas” que impedían su labor.
El contexto internacional también influye en esta escalada. La Unión Europea mantiene sanciones vigentes contra 21 personas y tres entidades vinculadas al círculo íntimo de Ortega y Rosario Murillo.
Estas medidas responden al deterioro democrático y a los abusos sistemáticos de derechos humanos registrados desde las protestas de 2018.

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La crisis actual coincide además con la reciente captura de Nicolás Maduro en Venezuela, uno de los aliados estratégicos más cercanos de la dictadura sandinista.
Este panorama regional refuerza el aislamiento diplomático del régimen de Nicaragua frente a las potencias democráticas europeas.
Por ahora, la delegación nicaragüense en Madrid queda descabezada tras la salida de Gelli, mientras que la diplomacia española reitera que las acciones de Ortega carecen de justificación política y solo profundizan el distanciamiento entre Madrid y Managua.









