Natalie Harp, una de las asesoras más cercanas al presidente Donald Trump, se ha convertido esta semana en protagonista involuntaria del debate político en Estados Unidos.
Harp comenzó a estar en el foco el pasado domingo cuando el senador demócrata de Georgia, Jon Ossoff, considerado uno de los posibles candidatos a la Presidencia en 2028, declaró durante un mitin que Trump «no quiere hacer el trabajo» porque lo que quiere es «construir su salón de baile y viajar con Natalie en su palacio volador, aparentemente indefenso, regalado por el emir de Catar».
Ossoff se hacía eco de las informaciones que revelaban que Harp, expresentadora de televisión de 35 años, era una de las pocas personas de confianza de Trump que viajaron con él en el vuelo secreto que salió de Ankara tras la cumbre de la OTAN, en Turquía, el pasado mes de julio por una supuesta amenaza de ataque de Irán.
Tras la mención, las reacciones de la Casa Blanca no se hicieron esperar.
Férrea defensa de Trump y su círculo a Natalie Harp
El propio Trump fue consultado por su colaboradora en una rueda de prensa en el Despacho Oval y llegó a comparar a Ossoff con Pee-wee Herman, un personaje cómico infantil muy conocido en Estados Unidos.
Las críticas al demócrata también crecieron en el entorno del presidente, y uno de los portavoces de la Casa Blanca, Davis Ingle, acusó al senador de ser un «niño de teatro afeminado y patético que se hacía pasar por Barack Obama» y un «perdedor de poca monta».
Este cruce de declaraciones, con Harp en el centro, ha despertado la curiosidad en el público estadounidense por saber más sobre la asesora que no parece separarse del presidente.
Nacida y criada en el seno de una familia californiana cristiana, Harp, de 35 años, se ha convertido en una figura clave en la vida cotidiana de Trump, le acompaña a todas partes y es conocida como «la impresora humana», porque siempre lleva una impresora portátil para dar en papel al presidente publicaciones sobre él que puedan interesarle.









