Durante cuatro años, el país vivió un constante debate y fuertes críticas cuando la entonces presidenta Xiomara Castro anunció la ruptura de relaciones con Taiwán y el acercamiento con China, un movimiento diplomático que generó polémica y fue duramente cuestionado por la oposición de aquel entonces.
Aquellos que señalaron con severidad la decisión ahora forman parte del oficialismo tras la llegada de Nasry Asfura al poder, lo que ha añadido un matiz político adicional a la gestión de las relaciones exteriores.
Con el cambio de gobierno, diversos sectores esperaban que las relaciones con China se enfriaran, debido a los recurrentes señalamientos sobre la posible influencia del régimen comunista en Honduras.
Por el contrario, se esperaba un repunte en los vínculos con Taiwán, particularmente considerando los efectos económicos que la ruptura diplomática había generado en sectores como la exportación de melones y camarones, cuyos mercados principales estaban en la isla asiática. Estas pérdidas representaron millones de lempiras para los productores locales, lo que alimentó la expectativa de un ajuste en la política exterior.
La cautela sobre la relación con China se intensificó tras la reciente reunión entre la canciller Mireya Agüero y el embajador chino en Honduras, Yu Bo, donde se abordaron temas bilaterales de interés mutuo.
Según la Cancillería, el encuentro se desarrolló “a través del diálogo diplomático y el respeto mutuo, fortaleciendo relaciones cordiales que impulsan proyectos de beneficio compartido entre ambas naciones”. Este acercamiento confirma que, pese a los temores iniciales, Honduras continúa trabajando para mantener una relación estable y pragmática con Beijing, equilibrando intereses económicos y diplomáticos en la región.
Hoy por hoy, la promesa de relaciones con Taiwán se mantiene en el aire, pero lo que si está garantizado, por el actuar de la actual administración es que las relaciones con China se han ido fortaleciendo pese a no estar en la silla presidencial Xiomara Castro, por lo que las preguntas puntuales son: ¿fue una vacía promesa de campaña o ¿realmente la narrativa de que el régimen comunista pretendía “meter mano” en el país?.









