Los índices de popularidad de Vladimir Putin cae en medio de la grave crisis de desabastecimiento de combustible que sufre el país ante los ataques ucranianos que han ocurrido en varias zonas.
Lo que debes saber:
Problemas en combustibles
Según los sondeos más recientes publicados este viernes por el Centro Ruso de Estudio de la Opinión Pública (VTsIOM), el descontento social comienza a reflejarse directamente en la valoración ciudadana hacia el jefe del Kremlin.
Los datos oficiales revelan que la confianza en la figura del presidente de Rusia, Putin, ha caído un 1% durante la última semana, situándose en un 72.3%. Asimismo, la aprobación específica a su gestión gubernamental experimentó un descenso al pasar del 66.9% al 66%.
Con este nuevo retroceso, ambos indicadores encadenan ya dos semanas consecutivas a la baja, encendiendo las alarmas en el aparato político de Moscú.
El trasfondo de este desgaste se encuentra en el severo déficit en el suministro de combustible que golpea a diversas regiones de Rusia. Esta crisis energética ha sido provocada por la intensificación de los ataques ucranianos con drones contra refinerías e infraestructuras clave en territorio ruso.
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La parálisis parcial de estas plantas ha estrangulado la distribución de gasolinas y diésel, desatando el malestar de la población.
En ese sentido, la escasez ha obligado a numerosas estaciones de servicio a imponer restricciones y racionamientos en todo el territorio nacional. La situación es especialmente crítica en zonas estratégicas como la península anexionada de Crimea, donde los precios de los carburantes se han disparado drásticamente.
Ante el caos, los ciudadanos se han visto obligados a recurrir a mapas interactivos en plataformas digitales para localizar gasolineras que aún tengan reservas disponibles.
Gobierno admite la problemática
Por primera vez desde el inicio de las complicaciones, las altas esferas del Gobierno ruso han tenido que admitir abiertamente la gravedad de la situación. El viceprimer ministro, Alexandr Nóvak, ha reconocido la existencia del desabastecimiento y las largas colas de vehículos.
Nóvak vinculó directamente el problema a la inestabilidad operativa de las refinerías dañadas por los ataques con drones de las fuerzas de Kiev, sepultando las versiones previas que atribuían el caos a compras de pánico.
De acuerdo con estimaciones de medios internacionales, este desabastecimiento energético ya afecta de forma directa a un tercio de la población rusa, lo que equivale a casi 50 millones de personas.

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La falta de combustible se ha convertido en un detonante visual y cotidiano de una crisis que antes se percibía de manera más abstracta por gran parte de la sociedad.
El impacto de este escenario no es menor, ya que coincide con un desgaste acumulado por el hartazgo generalizado ante la prolongación de la guerra. A esto se suman variables económicas adversas, una marcada contracción financiera y las recientes restricciones y bloqueos al acceso a internet en el país.
El descontento general está socavando los cimientos políticos tradicionales en un momento clave para el Kremlin.
Esta coyuntura ha provocado una notable caída en la intención de voto de Rusia Unida, el partido oficialista que respalda al Gobierno. El retroceso electoral se produce a falta de poco más de dos meses para la celebración de las elecciones legislativas, lo que obliga al entorno de Putin a recalcular su estrategia ante una ciudadanía cada vez más afectada por las consecuencias directas del conflicto.









