CIUDAD DE MÉXICO.- Para disminuir el consumo de alcohol en la capital mexicana un grupo de parlamentarios propone una ley en todo caso original: la prohibición de la venta fría de cerveza en kioscos y negocios familiares.
Esta medida generó gran polémica, ya que los mexicanos suelen tomar la cerveza muy fría. Incluso el presidente Andrés Manuel López Obrador intervino al invitar a las distintas partes a “ver los pros y los contras” de la medida.
“Si en la tiendita la cerveza no está refrigerada, pues te obliga a llevártela a tu casa, refrigerarla en tu casa y tomártela en tu casa, y no hacerlo en vía pública”, dijo la autora del proyecto, María de Lourdes Paz Reyes, del partido de Lopez Obrador (Morena).
Muchos mexicanos reaccionaron ante la posibilidad de verse privados de comprar cerveza fría, especialmente dadas las frecuentes altas temperaturas en la Ciudad de México. Quienes se oponen a este proyecto se hicieron sentir fuertemente en las redes sociales con el hashtag #ConLasCervezasNo.
“Es increíble que nuestros legisladores piensen en tantas estupideces sin resolver previamente los problemas verdaderos y serios en CDMX y en todo México”, señaló un usuario en un tuit.
“Si quieren desincentivar el consumo de alcohol, ¿no sería preferible aumentar el impuesto correspondiente?”, se preguntó otro usuario.
Algunos defensores de la prohibición de venta de cerveza fría se quejan de que el país está inundado de alcohol barato y así se vende licor de dudosa calidad a precios bajísimos.
Según algunas cifras, en México el 45% de las bebidas espirituosas embotelladas en el país son adulteradas. Además, la encuesta nacional de 2018 de victimización y percepción de la seguridad pública encontró que 75,8% de los residentes de la Ciudad de México (y el 66,4% a nivel nacional) creen que “el consumo de alcohol en la calle” es la fuente principal de “comportamiento criminal y antisocial” en su vecindario.
Según las últimas estimaciones, el consumo per cápita anual de cerveza es de 65 litros por persona (puesto 30° a nivel global), lejos de los 143 litros de promedio por habitante en República Checa.








