Doña Vilma acudió al centro asistencial tras cuatro meses de dolor pélvico; los médicos encontraron una masa de aproximadamente 20 por 30 centímetros que había crecido considerablemente.
A veces, el cuerpo comienza a dar señales que pueden pasar desapercibidas, pero atenderlas a tiempo puede marcar una gran diferencia. Ese fue el caso de doña Vilma, una mujer de 64 años que acudió al Hospital Escuela luego de presentar dolor pélvico durante aproximadamente cuatro meses.
Tras realizarle los estudios correspondientes, los especialistas detectaron una gigantesca masa quística de aproximadamente 20 por 30 centímetros, cuyo peso se estimaba entre 15 y 20 libras.
La doctora Melisa Ordóñez, especialista en ginecología y obstetricia del Hospital Escuela, explicó que debido a las características y dimensiones de la masa fue necesario realizar una salpingooforectomía, procedimiento mediante el cual se retiró el tumor en el área afectada.
“El tumor o quiste de ovario es una patología muy frecuente pero no tan grande, cuyo aumento notable como en este caso, además de dolor pélvico o abdominal, presiona la vejiga o intestinos que causa ganas frecuentes de orinar; estreñimiento o sensación de llenura rápida. Además eleva el riesgo de complicaciones graves como la torsión ovárica o la ruptura”, detalló la médico tratante.
El crecimiento de la masa había provocado un notable abultamiento en el abdomen de la paciente, al punto que semejaba un embarazo de aproximadamente cinco meses. Sin embargo, doña Vilma pensaba que las molestias podían estar relacionadas con una inflamación en el colon.
Después de la intervención quirúrgica, la paciente se encuentra en recuperación y asegura sentir un importante alivio.

“Me siento mucho mejor, le doy gracias a Dios y los médicos de este hospital que me operaron; solo espero recuperarme para regresar a mi casa”, expresó doña Vilma.
Los quistes ováricos son una patología frecuente en las mujeres y pueden presentarse a cualquier edad, aunque son más comunes durante la etapa reproductiva. Sin embargo, que una lesión alcance dimensiones consideradas gigantes es poco frecuente.
Este caso deja un llamado a no ignorar las señales del cuerpo. Algunas lesiones pueden crecer durante un tiempo sin provocar síntomas evidentes, por lo que los controles ginecológicos periódicos y la consulta médica ante cualquier cambio son importantes para detectar oportunamente posibles alteraciones.
Dolor pélvico o abdominal persistente, cambios en el abdomen, sensación de llenura, estreñimiento o necesidad frecuente de orinar son señales que no deberían pasarse por alto.
La prevención y la atención oportuna pueden hacer una gran diferencia en la salud de las mujeres, sin importar la edad.









