Investigadores chinos documentaron por primera vez un caso grave de infección humana por el virus Oya, un patógeno previamente detectado en insectos como mosquitos y jejenes.
El caso corresponde a una mujer de 54 años, quien trabajaba en una granja de gansos en Qingyuan, en la provincia china de Guangdong. La paciente, que no tenía antecedentes de enfermedades ni problemas conocidos en su sistema inmunológico, fue hospitalizada luego de presentar un cuadro de sepsis acompañado de fiebre de hasta 40 °C, escalofríos, malestar general y pérdida del apetito.
Con el paso de los días, su estado se complicó. La mujer comenzó a sufrir vómitos intensos y episodios de diarrea que superaban las diez veces al día. También presentó pequeñas lesiones hemorrágicas en la piel y sangrado en los ojos.

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Hallazgos médicos
Los estudios médicos revelaron alteraciones importantes, entre ellas un aumento de glóbulos blancos, disminución de plaquetas, lesiones severas en el hígado y problemas de coagulación. Las pruebas realizadas para detectar otros agentes infecciosos habituales no encontraron una causa.
Fue hasta el octavo día de hospitalización cuando el análisis genético de una muestra de sangre permitió identificar al virus Oya. Los investigadores señalaron que la variante encontrada guardaba similitudes con una cepa previamente localizada en insectos de la misma zona.
Para estudiar sus efectos, los científicos también analizaron el virus en un modelo de tejido hepático humano desarrollado en laboratorio. Allí observaron daños en la estructura del tejido. Además, experimentos en ratones con sistemas inmunitarios debilitados provocaron inflamación intestinal, hepatitis severa, reducción de plaquetas y alteraciones en la coagulación.
La paciente respondió favorablemente al tratamiento de soporte. La fiebre desapareció después de varios días y los episodios de diarrea también se detuvieron. Tras 19 días hospitalizada, recibió el alta y posteriormente se confirmó su recuperación.
El caso genera especial interés entre los investigadores porque aporta evidencia de que el virus Oya, anteriormente identificado en insectos, puede infectar a seres humanos y provocar cuadros de enfermedad grave.









