Al menos 240 personas han resultado heridas, entre ellas 80 policías, por los disturbios registrados durante la noche del jueves y la madrugada del viernes frente al Parlamento de Georgia, en Tiflis, por la visita de un diputado ruso al país, según el último balance ofrecido por las autoridades.
El viceministro de Salud, Zaza Bojua, ha informado de que “un total de 240 personas, incluidos 80 policías, han sido hospitalizados” de los cuales 102 aún continúan internados.
“Ahora mismo están en marcha dos intervenciones quirúrgicas”, ha añadido tras visitar la clínica Ingorokva, según informa la agencia InterPress, precisando que dos manifestantes han perdido un ojo.
Los disturbios se han producido después de que la marcha se dirigiera al Parlamento georgiano, donde los agentes de la Policía han lanzado gas lacrimógeno y han disparado pelotas de goma contra los manifestantes hacia las 2.00 horas. Una hora antes, el Ministerio del Interior de Georgia había emitido un comunicado en el que aseguraba que la manifestación había ido “más allá de la libertad de expresión y la asamblea pacífica”.
El detonante de las protestas ha sido la presencia en el Parlamento del diputado ruso Sergei Gavrilov al frente de una delegación de su país para participar en una reunión de la Asamblea Interparlamentaria de la Ortodoxia (AIO).
En particular, habría molestado el hecho de que Gavrilov, al que algunos medios georgianos acusan de apoyar a los separatistas de la región de Abjazia, se sentara en el sillón del presidente de la Cámara durante le foro. La influencia de Rusia sobre Georgia continúa siendo un tema políticamente sensible.
Tropas rusas y georgianas se enfrentaron durante unos pocos días en 2008 por el control de las regiones de Abjazia y Osetia del Sur, en el marco de un conflicto que aún despierta recelos en Georgia, donde los actuales líderes políticos siguen mirando de reojo al vecino del norte mientras intentan dar pasos hacia foros occidentales.
Georgia, escenario histórico de pulsos entre distintas potencias, se convirtió de nuevo tras la caída de la Unión Soviética en un foco de disputa. Independiente desde 1991, el creciente interés estadounidense por un país que aspiraba a salirse de la órbita rusa generó los primeros recelos en Moscú, reacio a perder la influencia de la que venía gozando desde el siglo XIX.
A corto plazo, no existen perspectivas de mejora de las relaciones entre Tiflis y Moscú. Georgia busca unirse a la Unión Europea y la OTAN, una cuestión a la que se opone el Gobierno ruso.cortesíaeuropa.press








