Una persona malhumarada se caracteriza por ser calmada, seria, reservada, no se toma nada con prisa y por lo general no es tan sociable con las demás personas.
Este tipo de personas se toman la vida con algo de seriedad, no van por la vida cometiendo locuras ni desbordando alegrías, son muy cautas al momento de tomar decisiones, analizan todo de manera muy profunda antes de dar un veredicto, no se desgastan en situaciones que no les agradan y simplemente dicen no para luego tomar un nuevo rumbo en busca de algo verdaderamente interesante.
La verdad es que no tienen buena fama, sino todo lo contrario. En el trabajo, en el club, en la universidad, en el gimnasio suelen espantar a propios y extraños, basta observar ese rostro malvado, el gesto adusto, la mirada oscura para que la gente huya despavorida de su lado. Es el estigma de que acompaña a sol y a sombra a los malhumorados.

Las personas que tienen buen humor tienden a tomar decisiones de forma rápida, sin pensarlo más de dos veces, suelen ser fácil de persuadir y de tomar decisiones diferentes a su forma de pensar, mientras que los malhumorados piensan de forma más detallada y atenta, tienen una personalidad muy fuerte y las decisiones que toman las meditan antes de llevarlas a cabo.
Por lo anteriormente mencionado, podríamos decir que los malhumorados tienen una expectativa de vida más alta, ya que debido a su comportamiento y estilo de vida, son personas ahorrativas en todos los sentidos, debido a que no llevan una vida tan activa emocionalmente corren menos peligro de accidentarse, sus recursos económicos los gastan con mesura porque saben que podrían llegar momentos de sequía, las decisiones que toman hace de estas personas seres cautelosos que tienen presente todos los aspectos importantes para tener una gran calidad de vida.








