El fútbol hondureño vive su noche más esperada del año. Este miércoles desde las 7:00 p. m. en el Estadio Nacional Chelato Uclés, Club Deportivo Olimpia y Club Deportivo Marathón saltan al campo para definir al campeón de la Liga Nacional en el partido de vuelta de una final histórica que llega con la serie 2‑2 y abierta tras la ida.
La final no es una más. Son dos de los clubes más grandes del país y tienen un historial intenso en finales: esta será la 13ª definición entre ambos en campeonatos nacionales, donde los de Tegucigalpa ha dominado la estadística con más títulos frente a un Marathón que busca acortar diferencias.
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El partido de ida, jugado el 4 de enero en San Pedro Sula, fue una muestra de fútbol vibrante. Marathón abrió el marcador con un gol de Nicolás Messiniti, mientras que los Leones igualaron con un tanto de Emanuel Hernández, y más adelante ambos equipos sumaron para un 2‑2 final que dejó todo por decidir en Tegucigalpa.
En esta final no existe valor agregado por goles de visita; si el resultado vuelve a igualarse en la vuelta, el título se definirá en tiempo extra y, si hace falta, penales.
Uno de los momentos más emotivos de la temporada fue la muerte de su presidente, Orinson Amaya, el 1 de diciembre de 2025, a los 52 años de edad por un infarto fulminante en San Pedro Sula. Amaya, figura clave en la reconstrucción y gestión del club durante la última década, falleció en un año que marcaba el centenario de la institución y su ausencia ha sido sentida profundamente por el plantel y la afición.

La dirigencia y jugadores verdolagas han declarado en varias ocasiones que sienten el impulso emocional de buscar un título en honor a su legado, añadiendo una carga extra de motivación para llegar al estadio Chelato Uclés con una mentalidad contundente.
El ambiente previo al juego ha tenido episodios de tensión. Por un lado, Eduardo Espinel ha optado por minimizar las críticas ajenas y enfocarse en el partido, subrayando la importancia de las acciones dentro del campo y evitando caer en confrontaciones directas con rivales o dirigentes. Él ha dicho que se concentra en defender la filosofía de juego de su equipo y legitimar la presencia en la final con argumentos deportivos.
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Del otro lado, Daniel Otero, virtual presidente de Marathón tras el fallecimiento de Amaya, respondió con dureza a los comentarios de Espinel, calificándolo de “payasito” y “llorón” ante la prensa, una frase que ha encendido aún más el ambiente entre ambas parcialidades. Además, desde la Cueva del Verde han reclamado decisiones arbitrales como la ausencia de VAR y la anulación de alguna jugada clave durante la ida.
Aunque el primer duelo fue intenso, no se ha reportado oficialmente un escándalo arbitral formal por parte de la liga . Sin embargo, en el fútbol hondureño estas decisiones siempre son analizadas y debatidas por hinchas y especialistas, y esta final no es la excepción. Con la ausencia de tecnología de videoarbitraje, cada decisión queda sujeta a discusión y análisis público en un momento de máxima tensión deportiva.
Con la serie empatada 2‑2 y un estadio listo para recibir a miles de aficionados, los Albos busca su estrella número 40 en el fútbol hondureño, cifra que igualaría a un club centroamericano histórico, mientras que el Monstruo Verde busca su décimo título nacional y hacerlo en un año tan simbólico como su centenario.
Lo que ocurra este miércoles quedará grabado en los libros de la liga: un clásico centenario, con historia, emociones, rivalidad y, sobre todo, un título por decidir. Si el juego necesita tiempo extra o penales, la gloria podría llegar al filo de la noche en Tegucigalpa










