Guatemala y Estados Unidos acuerdan atacar al narcotráfico en conjunto, según ha revelado el periódico estadounidense The New York Times, en donde se ejecutarán operaciones y ataques militares contra de las estructuras que se dedican al tráfico de drogas dentro de sus fronteras.
Lo que debes saber:
Alianza histórica en América Latina
La alianza estratégica entre los dos países marca un drástico cambio de rumbo en las políticas de seguridad del país centroamericano y representa una notable escalada en la ofensiva de la Casa Blanca contra los cárteles de la droga en América Latina.
La confirmación del pacto se da luego de que tres fuentes familiarizadas con las negociaciones internas detallaran que las acciones armadas podrían dar inicio a partir del próximo mes de junio.
De acuerdo con la información divulgada, esta cooperación directa se consolidó formalmente el pasado 19 de mayo, mediante una crucial conversación telefónica sostenida entre el presidente de Guatemala, Bernardo Arévalo, y el secretario de Defensa de los Estados Unidos, Pete Hegseth.
El origen de la iniciativa ha partido de una solicitud formal de la propia administración guatemalteca. La oficina del Ejecutivo ha confirmado que se remitió una carta dirigida a las autoridades del Pentágono en la que se requería oficialmente la “cooperación en operaciones lideradas por las fuerzas de seguridad guatemaltecas contra organizaciones de narcotráfico”.

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Aunque el alcance completo de todas las actividades militares conjuntas no ha sido totalmente desglosado, se prevé la ejecución coordinada de operativos tácticos y ataques aéreos focalizados.
Con esta resolución, Guatemala pasa a convertirse en el segundo país del continente americano en autorizar una campaña militar de este tipo dentro de su soberanía territorial, una medida alineada con la iniciativa del “Escudo de las Américas” promovida por el presidente estadounidense Donald Trump.
A principios de este año, Ecuador había establecido un acuerdo de naturaleza similar, abriendo las puertas a la intervención militar coordinada para frenar el impacto de las redes delictivas que desestabilizan la región.
Estrategia para presionar a los Estados Unidos Mexicanos
No obstante, el convenio ha comenzado a generar diversas opiniones y reacciones diplomáticas debido al trasfondo geopolítico que arrastra. De acuerdo con los análisis presentados por The New York Times, el interés prioritario de la administración estadounidense al focalizar su estrategia militar en naciones como Guatemala y Honduras radica en generar una fuerte presión sobre el gobierno de México.
La meta final de Washington apunta a convencer a las autoridades mexicanas de aceptar operativos conjuntos similares, una propuesta que, hasta el momento, la Ciudad de México ha rechazado tajantemente para salvaguardar su autonomía.
La urgencia detrás de este despliegue militar responde a una dura realidad geográfica y logística. Informes de inteligencia estratégica de los Estados Unidos estiman que aproximadamente el 90% de la cocaína que ingresa de forma ilegal a suelo norteamericano transita previamente por los corredores de Centroamérica y México, utilizando para su traslado sofisticados sistemas que involucran camiones terrestres, aeronaves rápidas, embarcaciones marítimas y semisumergibles de construcción artesanal.

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A nivel interno, las autoridades militares locales han salido a precisar las condiciones del tratado con el fin de apaciguar las inquietudes sobre la soberanía nacional. El ministro de la Defensa de Guatemala, Henry Sáenz, ha ratificado el acuerdo y enfatizó con firmeza que el Ejército guatemalteco será siempre la institución encargada de liderar y operar directamente las acciones en el terreno.
El funcionario ha destacado además que el principal beneficio para el país radica en romper un aislamiento tecnológico en materia militar que se prolongó por casi 50 años debido a embargos previos.
Mientras las agencias fronterizas y de defensa ultiman los detalles técnicos de los operativos, los analistas internacionales observan de cerca el desarrollo de esta agresiva estrategia antidrogas hemisférica.
El éxito o fracaso de este plan conjunto no solo redefinirá el panorama de la seguridad y el combate al crimen organizado en Centroamérica, sino que también establecerá un nuevo y complejo precedente en las históricas relaciones de cooperación militar y política entre los países de la región y la Casa Blanca.









