Ford dio un inesperado giro a su estrategia tecnológica al volver a contratar a unos 300 ingenieros con amplia experiencia, luego de comprobar que la inteligencia artificial no logró resolver por sí sola los problemas de calidad en la fabricación de sus vehículos. La decisión marcó un cambio clave para la automotriz estadounidense.
Los especialistas fueron reincorporados para revisar semanalmente los diseños, detectar posibles fallas antes de que los vehículos llegaran a producción y aportar el conocimiento acumulado durante años, algo que, según la empresa, la IA no podía reemplazar sin datos y supervisión humana de calidad.
La apuesta dio resultados. Ford alcanzó el primer lugar en el estudio de calidad inicial de JD Power en Estados Unidos por primera vez desde 2010, destacando con modelos como la F-150, Mustang y Super Duty, además de reducir significativamente los costos por garantías y llamadas a revisión.
Los ejecutivos de la compañía reconocieron que la inteligencia artificial sigue siendo una herramienta valiosa, pero insistieron en que necesita la experiencia humana para ofrecer mejores resultados. La nueva estrategia combina tecnología con el conocimiento de ingenieros veteranos, una fórmula que permitió a Ford recuperar terreno frente a sus competidores









