Denuncias de violencia dentro de Ciudad Mujer: exgerenta rompe el silencio y revela lo que vivió
“Pasé años diciéndoles a las mujeres que denunciaran. Nunca pensé que tendría que hacerlo en Ciudad Mujer”, relata Amelia Serrano, exgerenta de Comunicaciones, quien presentó denuncias por presunto hostigamiento laboral y violencia psicológica durante la transición administrativa.
Ciudad Mujer fue creada para ser un refugio. Un lugar donde miles de hondureñas pudieran encontrar apoyo, orientación y protección frente a la violencia. Durante años, sus profesionales acompañaron a mujeres que llegaban con miedo, dolor e incertidumbre, recordándoles que ninguna forma de violencia debía normalizarse y que denunciar era un acto de dignidad y valentía. Por eso, para Amelia Serrano, exgerenta de Comunicaciones de la institución, nunca pasó por su mente que algún día tendría que convertirse en una de esas mujeres que decidieran alzar la voz.
Su historia forma parte de una serie de denuncias presentadas durante el proceso de transición administrativa, como nuevas autoridades de la institución. Según la documentación presentada ante distintas instancias, Serrano denunció haber sido víctima de hostigamiento laboral, violencia psicológica, abuso de poder y actos de intimidación que, asegura, ocurrieron dentro de la misma institución encargada de promover los derechos de las mujeres. La denuncia fue interpuesta contra José Alejandro Machado Carbajal, quien se incorporó a la nueva administración y posteriormente asumió responsabilidades dentro del área de comunicaciones.
“No podía seguir guardando silencio”. En la documentación presentada, Amelia Serrano asegura que las situaciones comenzaron durante el proceso de transición administrativa.
“He sido relegada de mis funciones, excluida de procesos de decisión y sometida constantemente a conductas de intimidación, hostigamiento y abuso de poder”, señala en uno de los documentos remitidos a las autoridades competentes. La exfuncionaria sostiene además que los hechos no solo la afectaron a ella. “Mi equipo de trabajo también ha sido víctima de malos tratos, comentarios despectivos, cuestionamientos constantes a su profesionalismo y ataques verbales que han deteriorado gravemente el ambiente laboral dentro de la institución”, expresó.
Entre los hechos descritos figuran episodios de confrontación pública, comunicaciones fuera del horario laboral y situaciones que, según la denuncia, provocaron un deterioro progresivo de su bienestar emocional. “Estas acciones constituyen hostigamiento laboral y una clara transgresión al derecho al descanso, a la desconexión y a la dignidad humana en el ejercicio de mis funciones”, manifestó.
Durante años, Amelia formó parte de una institución que enseñaba a las mujeres la importancia de denunciar cualquier forma de violencia. Les explicaba que el silencio nunca protege a las víctimas. Les recordaba que toda denuncia merece ser escuchada. Hoy, ella afirma haber recurrido a esos mismos principios para presentar su propio caso.
“Resulta profundamente preocupante e indignante que dentro de un programa creado por y para mujeres, cuyo objetivo es garantizar derechos, protección y dignidad, se permita que una persona ejerza violencia contra las mismas funcionarias que sostienen institucionalmente este proyecto”, escribió.
Actualmente, las denuncias continúan siendo conocidas por las instancias correspondientes, mientras los hechos siguen generando debate sobre la importancia de que los principios que Ciudad Mujer promueve hacia las usuarias también sean garantizados para quienes trabajan dentro de la institución. Más allá de nombres, cargos o cambios administrativos, el caso plantea una pregunta difícil de ignorar: ¿Qué ocurre cuando una mujer denuncia sentirse violentada dentro de una institución creada precisamente para proteger a las mujeres?
Para Amelia Serrano, la respuesta comenzó el día que decidió hacer aquello que durante años les pidió a otras mujeres que hicieran, romper el silencio.












