El gobierno de Donald Trump anunció este jueves una asistencia humanitaria de 150 millones de dólares para Venezuela tras los dos terremotos de magnitud 7,2 y 7,5 que sacudieron el norte y centro del país el miércoles por la tarde, con apenas 39 segundos de diferencia. La respuesta incluyó el envío inmediato de equipos especializados en búsqueda y rescate, coordinados por el Departamento de Estado en estrecha colaboración con el Departamento de Guerra —nombre secundario adoptado por el Departamento de Defensa desde septiembre de 2025 por orden ejecutiva de Trump— y el Comando Sur de las Fuerzas Armadas estadounidenses.
El secretario de Estado, Marco Rubio, expresó sus condolencias al pueblo venezolano y confirmó que por instrucción del presidente Trump el Departamento de Estado desplegó de forma inmediata equipos de búsqueda y rescate, recursos médicos y asistencia humanitaria. Rubio señaló que ya estaban operando contingentes provenientes del condado de Fairfax, en Virginia, y del condado de Los Ángeles, en California, y adelantó que podrían sumarse otros en las próximas horas. Según indicó, la prioridad inmediata era localizar sobrevivientes atrapados bajo los escombros durante la ventana crítica de las primeras 48 a 72 horas.
Del total comprometido, 50 millones de dólares se distribuirán en asignaciones bilaterales directas a organizaciones humanitarias que operan en Venezuela, entre ellas Visión Mundial, Samaritan’s Purse, Catholic Relief Services, el Cuerpo Médico Internacional, la Organización Internacional para las Migraciones y el Programa Mundial de Alimentos. Los 100 millones restantes se canalizarán a través del fondo mancomunado de la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de las Naciones Unidas para Venezuela. El comunicado del Departamento de Estado precisó que la asistencia logística incluirá el uso de aeronaves militares de ala fija y rotatoria para el traslado de personal y suministros hacia las zonas afectadas.
Al menos 188 personas fallecieron, otras 1.520 resultaron heridas y 157 permanecen desaparecidas a causa de los terremotos, los más destructivos registrados en Venezuela en más de un siglo, según el balance más reciente ofrecido por la presidenta interina Delcy Rodríguez en la madrugada del jueves. La Guaira, franja costera al norte de Caracas, fue identificada como una de las zonas más severamente golpeadas, con numerosos edificios derrumbados y operaciones de rescate activas. El Servicio Geológico de Estados Unidos advirtió que existe alrededor de un 33% de probabilidad de que el número final de fallecidos se sitúe entre 1.000 y 10.000, tomando en cuenta la intensidad de los movimientos, la densidad poblacional y la vulnerabilidad del parque edilicio.
La presidenta venezolana agradeció la colaboración del gobierno de Trump, con quien aseguró mantener contacto directo durante las horas posteriores al desastre. Rodríguez también respondió a Rubio, quien se comunicó con ella para coordinar la asistencia. La respuesta de Washington se produce en un contexto de acercamiento diplomático entre ambos países: la cooperación humanitaria ocurre meses después de la detención de Nicolás Maduro y del proceso de normalización de relaciones entre Washington y Caracas.
El operativo estadounidense activa un Equipo de Respuesta a Desastres, estructurado con expertos del Departamento de Estado, unidades del Comando Sur y personal de la embajada en Caracas. Rubio destacó que otros países comenzaron también a movilizar asistencia, con ofertas de Qatar, El Salvador, Chile y varias naciones de la región que iniciaron contactos para coordinar esfuerzos. La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, anunció el envío de un equipo de rescatistas y personal sanitario de la Secretaría de la Defensa Nacional.
Los dos sismos del miércoles figuran entre los más intensos que ha sufrido Venezuela en más de cien años. Los efectos se sintieron en puntos tan distantes como la Amazonia brasileña, a unos 1.700 kilómetros de Caracas, donde se evacuaron edificios de forma preventiva. Imágenes de la televisión estatal mostraron a tres niños, cubiertos de polvo pero con vida, siendo rescatados de entre los escombros en el estado de La Guaira. La magnitud del desastre pone a prueba la capacidad de respuesta de un Estado venezolano que atraviesa años de degradación institucional, y convierte a la cooperación internacional en el principal sostén de las operaciones de emergencia en curso.









