El papa León XIV lanzó este viernes una contundente advertencia sobre el avance de la inteligencia artificial (IA) y pidió que su desarrollo esté acompañado por leyes capaces de proteger la dignidad, los derechos y las libertades de las personas. Durante un encuentro con integrantes de la International Catholic Legislators Network, el Pontífice cuestionó el riesgo de que la tecnología termine convirtiéndose en una nueva forma de dominio.
León XIV sostuvo que la humanidad enfrenta una decisión fundamental ante el desarrollo tecnológico: utilizar la innovación para impulsar el bienestar de las personas o permitir que el poder, la eficiencia y el control terminen desplazando al ser humano. En ese contexto, llamó a los legisladores a establecer marcos legales que protejan la privacidad, eviten la explotación de los usuarios y garanticen transparencia en el uso de las nuevas tecnologías.
Uno de los principales riesgos señalados por el Papa es que la inteligencia artificial profundice las desigualdades entre países. Advirtió que las naciones más pobres podrían quedar cada vez más dependientes de aquellas con mayor capacidad tecnológica, convirtiendo la innovación en una nueva forma de “colonialismo ideológico o económico”. También rechazó que los algoritmos terminen determinando quién es visible, quién queda excluido o hasta dónde puede subordinarse la dignidad de los trabajadores a la optimización tecnológica.
El Pontífice puso especial énfasis en la familia, a la que definió como la “primera escuela de humanidad”. Según su planteamiento, la IA no debe erosionar las relaciones familiares al sustituir vínculos humanos por datos, simulaciones o modelos económicos que hagan más difícil sostener una vida familiar estable. Por ello, exhortó a promover políticas que fortalezcan el matrimonio y las familias, apoyen a los padres en la educación de sus hijos y permitan a los jóvenes mirar el futuro con confianza.
Finalmente, León XIV dejó una de sus frases más contundentes: el mundo no necesita una inteligencia artificial que reduzca la humanidad, sino una tecnología guiada por la sabiduría y orientada al bien común. Para el Papa, la IA no debe convertirse en rival del ser humano, sino en una herramienta al servicio de la sociedad, bajo una autoridad política responsable y con límites que garanticen que el avance tecnológico nunca esté por encima de la dignidad humana.









