De acuerdo con The Guardian, diario británico, y The Athletic, medio deportivo, el avión fue provisto por Qatar Airways, aerolínea estatal de Qatar, como parte de su acuerdo de patrocinio con la FIFA, un esquema que reactivó críticas por el impacto ambiental del torneo y por la señal política que proyecta el máximo dirigente del fútbol en un evento marcado por los traslados aéreos.
La secuencia de vuelos quedó bajo la lupa en un Mundial que se disputa en un territorio más amplio que el de ediciones anteriores. La situación contrasta con el Mundial previo en Qatar, donde los estadios estaban dentro de un radio aproximado de 74 kilómetros (46 millas).
Hay 16 estadios distribuidos en tres países, con sedes separadas por hasta 4.506 kilómetros (2.800 millas), en un contexto en el que los aficionados también acumulan vuelos para seguir a sus selecciones por Norteamérica.
Los cuestionamientos de organizaciones ambientales apuntan al corazón logístico del certamen: el transporte. Según Los Angeles Times, diario estadounidense, un informe estimó que el torneo podría producir cerca de 9 millones de toneladas métricas de emisiones de carbono y que alrededor de 7,7 millones provendrían solo del transporte aéreo.









