Hay gestos que hablan antes de que el árbitro pite. En el estadio São Januário, en Río de Janeiro, Neymar extendió la mano durante el saludo protocolar previo al partido y Thiago Mendes, capitán del Vasco da Gama, lo ignoró y siguió de largo. El episodio duró apenas unos segundos, pero concentró seis años de tensión entre dos futbolistas brasileños que no se han perdonado nada. Lo que vino después fue una paliza: el Santos goleó 0-3 al conjunto local y abandonó la zona de descenso en el Campeonato Brasileño.
El rechazo de Mendes, que dejó atónito a Ney, no fue un gesto aislado. Durante el sorteo previo al inicio del encuentro, los dos jugadores volvieron a quedar frente a frente. Intercambiaron los banderines como exige el protocolo, pero tampoco en esa ocasión hubo saludo. Neymar reaccionó con sorpresa visible, mantuvo la calma y continuó el ritual con el resto de los jugadores rivales. El mediocampista, en cambio, no alteró el gesto en ningún momento.
La raíz de esa frialdad tiene fecha y lugar precisos. En 2020, con Mendes en el Olympique de Lyon y Neymar en el París Saint-Germain (PSG), ambos se cruzaron en la Ligue 1 francesa. Una entrada del mediocampista dejó al delantero tendido en el césped con una lesión en el tobillo izquierdo. Las imágenes de Neymar llorando mientras era atendido sobre el campo recorrieron el mundo. Desde entonces, la relación entre los dos no ha encontrado un punto de distensión.









