El gobierno de EE. UU. pide aislar al régimen de Daniel Ortega a través de una solicitud que ha hecho formalmente a la comunidad internacional para que todos los Estados rompan las relaciones ordinarias y el trato diplomático de rutina con Nicaragua.
Lo que debes saber:
Reacción por la acción
La postura firme del Departamento de Estado de los Estados Unidos se ha producido tras la aprobación de una nueva reforma constitucional por parte de la Asamblea Nacional nicaragüense, una medida con la que la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo consolidó el control absoluto del poder y eliminó los comicios presidenciales previstos para noviembre de 2026.
A través de una declaración institucional emitida por el secretario de Estado norteamericano, Marco Rubio, la administración de Washington ha calificado la maniobra legislativa como una “farsa” destinada a sepultar definitivamente la democracia en el país centroamericano.
El jefe de la diplomacia estadounidense ha aseverado que el régimen sandinista busca afianzar una dinastía ilegítima, privando a los ciudadanos de su derecho inalienable a participar en procesos electorales libres, justos y transparentes.
Síguenos en nuestra cuenta de TikTok dando click aquí: HCH Televisión Digital

El pronunciamiento de Estados Unidos se ha enfatizado que un gobierno que vulnera los derechos fundamentales de su población no debe disfrutar de los mismos beneficios políticos y comerciales que aquellas naciones comprometidas con la paz y la estabilidad hemisférica.
Ante este panorama, la Casa Blanca ha instado a sus socios regionales y globales a congelar el intercambio habitual con Managua, anunciando además que impulsará nuevas sanciones y acciones multilaterales en foros internacionales como la Organización de los Estados Americanos (OEA).
¿Qué fue lo que pasó?
La cuestionada reforma fue dictaminada durante una sesión especial del parlamento nicaragüense celebrada en la ciudad de León. La enmienda extiende el período de mandato de seis a siete años para los cargos de elección popular y las jefaturas del Ejército y la Policía Nacional, postergando la convocatoria a urnas hasta 2028.

Además, otorga rango constitucional a la inhabilitación política de cualquier opositor o dirigente al que el Ejecutivo considere involucrado en supuestas acciones contra la soberanía nacional o etiquete como “traidor a la patria”.
Las nuevas disposiciones legales otorgan amplias facultades al Consejo Supremo Electoral (CSE) para despojar de personería jurídica a las agrupaciones políticas independientes y cancelar candidaturas contrarias al oficialismo.
De este modo, la dictadura institucionalizó la prohibición dictada por el propio Daniel Ortega, de 80 años, quien en meses previos adelantó que no se permitiría la celebración de elecciones competitivas para evitar la posibilidad de que la oposición retorne al poder.
Esta maniobra representa el segundo gran zarpazo a la Carta Magna nicaragüense en un lapso de 18 meses, sumándose a los cambios de febrero de 2025 que ya habían elevado el mandato presidencial de cinco a seis años y creado la figura de “copresidenta” para la primera dama Rosario Murillo.
Quizás te interese leer: El Parlamento de Nicaragua aprueba en lo general una reforma que veta a la oposición de las elecciones

Para surtir pleno efecto legal, la nueva enmienda requiere una segunda aprobación en la legislatura del país, la cual quedó programada formalmente para el 18 de enero de 2027.
La respuesta de Estados Unidos coincidió con el contundente rechazo emitido por la Unión Europea (UE) y la Organización de las Naciones Unidas (ONU), cuyos representantes advirtieron sobre el severo retroceso de las garantías democráticas.
Asimismo, diversos colectivos de la oposición nicaragüense en el exilio denunciaron que la reestructuración jurídica persigue perpetuar un modelo sucesorio de carácter estrictamente familiar e institucionalizar el autoritarismo.
Con estas medidas, las tensiones diplomáticas entre la comunidad internacional y el Ejecutivo de Nicaragua alcanzan un punto de máxima fricción geopolítica. Mientras Washington y sus aliados endurecen el cerco y estudian represalias financieras contra los funcionarios de la cúpula sandinista, el régimen de Ortega y Murillo continúa cerrando los espacios institucionales para garantizar la permanencia indefinida de su dinastía al frente del Estado.









