La final de este domingo marcará el cierre del Abierto de Estados Unidos más extraño e imprevisible, en la mayor cancha de tenis del mundo vacía por el coronavirus, con un nuevo nombre a inscribir en el palmarés de los Grand Slam: Dominic Thiem o Alexander Zverev.
El austriaco, segundo sembrado del torneo tras el descalificado Novak Djokovic, emerge como favorito pero el alemán ha desafiado con éxito la lógica y los precedentes hasta convertirse con 23 años en el finalista más joven de un ‘Major’ desde Djokovic en 2010.
“Cuando Zverev está dentro de su juego, es difícil de vencer. Pero esto le ha llevado mucho tiempo en los últimos partidos”, dijo a Eurosport Boris Becker, el último ganador alemán en Flushing Meadows en 1989.
Si Zverev pudo el viernes remontar por primera vez dos sets en contra ante el español Pablo Carreño, Thiem doblegó con mucha más facilidad de la esperada en tres mangas al ruso Daniil Medvedev, tercer sembrado y finalista del US Open de 2019.








