El segundo y último cara a cara entre los aspirantes a la presidencia de Estados Unidos resultó ser realmente un debate, un breve intervalo de normalidad en un año totalmente atípico y un respiro para los votantes desanimados por el tóxico primer enfrentamiento entre los dos líderes.
El presidente, Donald Trump, y el aspirante demócrata, Joe Biden, pasaron 90 minutos el jueves debatiendo sobre su enfoque acerca de la pandemia del coronavirus, el futuro del sistema de salud estadounidense y quien es el mejor posicionado para aliviar las tensiones nucleares con Corea del Norte. Hubo intercambios acalorados, pero muchas menos interrupciones que las que hicieron del primero algo casi imposible de ver.
Trump,insistió el jueves en que hay que “aprender a vivir” con el virus y sugirió que su rival dañaría la economía al tomar medidas drásticas para cerrar el país. Biden advirtió que la nación se encamina hacia “un oscuro invierno”, con un aumento de los casos al tiempo que llega el frío y más actividades pasan a ser en espacios cerrados, donde el virus se propaga con más rapidez.
Algunos de los asesores y aliados de Trump le habían sugerido antes del debate que adoptase un enfoque más tradicional, centrándose menos en atacar a Biden y más en destacar sus contradicciones políticas. Pocos esperaban que realmente fuese a tomar ese consejo.
Y aunque se mostró más comedido que en el primer cara a cara, sus impulsos más controvertidos salieron a relucir en algunas ocasiones. Sus respuestas estuvieron a menudo llenas de falsedades, desde su descripción de las proyecciones iniciales de fallecidos por COVID-19 a sus afirmaciones de los riesgos que suponen las turbinas eólicas para los pájaros.
En los últimos días, la campaña de Trump dijo que tenía previsto hacer de las acusaciones contra Hunter Biden el centro de su llamada al voto final. En las horas previas al debate, la campaña orquestó una aparición en los medios de un hombre que dice ser uno de los socios del hijo del candidato demócrata — un intento de crear el tipo de drama televisivo que le funcionó a Trump en 2016 contra Hillary Clinton.
En todo caso, los intentos de Trump por presentar sus acusaciones ante una audiencia más amplia durante el debate solo parecieron ir en su contra en algunos momentos. Tras afirmar sin pruebas que Biden ha recibido dinero de gobiernos extranjeros, el exvicepresidente destacó que sus finanzas están detalladas en los más de 20 años de registros fiscales que ha hecho públicos.
Para algunos republicanos, los intercambios sobre Hunter Biden fueron un excelente ejemplo de lo que ha puesto a Trump en peligro de perder en noviembre: una campaña que todavía parece estar buscando un mensaje claro y un enfoque para enfrentarse al aspirante demócrata a apenas unos días de los comicios.








