Estados Unidos ha anunciado oficialmente que será el anfitrión de la Conferencia de Defensa del Hemisferio Occidental, o conocido también como Cumbre de Defensa de las Américas 2026, un evento de alto nivel que reunirá a las cúpulas militares de la región el próximo 11 de febrero.
El encuentro surge en un contexto de profunda transformación geopolítica, marcado por el reciente cambio de gobierno en Caracas y la captura de Nicolás Maduro, lo que ha obligado a una redefinición del mapa de seguridad en el continente.
La conferencia, liderada por el Pentágono, tiene como objetivo principal alinear las prioridades tácticas y de estabilidad en la era post-chavista. Según informaron las autoridades estadounidenses, el propósito es construir un entendimiento compartido sobre las amenazas actuales y fortalecer la cooperación regional para evitar vacíos de poder o el surgimiento de nuevas insurgencias en zonas de reciente intervención.
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El evento estará bajo la dirección del general Dan Caine, jefe del Estado Mayor Conjunto de los Estados Unidos. Bajo su mando, los líderes militares buscarán coordinar esfuerzos para blindar la prosperidad y la seguridad a largo plazo, basándose en lo que Washington define como “lazos históricos y valores comunes” compartidos por las naciones de este lado del mundo.
En cuanto a la participación, el Pentágono ha extendido invitaciones a los jefes de defensa y altos representantes militares de 34 naciones. Aunque la lista completa de países confirmados se maneja bajo protocolos de seguridad diplomática, la convocatoria abarca a la gran mayoría de los Estados soberanos de las Américas, con el objetivo de consolidar un frente unido ante los nuevos desafíos regionales.
Un detalle relevante de esta cumbre es su enfoque multilateral extendido. Además de los países americanos, Estados Unidos ha invitado a potencias europeas que poseen territorios o intereses directos en la zona, tales como Gran Bretaña, Francia y Dinamarca.
Esta inclusión busca garantizar la seguridad de las rutas comerciales y la estabilidad marítima frente al nuevo escenario político sudamericano.
Analistas internacionales han comparado la magnitud de esta movilización estratégica con la intervención en Panamá de 1989. La reunión de febrero será determinante para establecer no solo la duración de la presencia militar estadounidense en puntos críticos del sur del continente, sino también el carácter de la vigilancia que se ejercerá sobre las fronteras en los meses venideros.
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El gobierno estadounidense ha subrayado que la estabilidad del hemisferio occidental es una prioridad de seguridad nacional. Por ello, la cumbre funcionará como un foro de toma de decisiones para prevenir que grupos irregulares o influencias externas aprovechen la actual coyuntura de transición en Venezuela para desestabilizar a los países vecinos.
Por su parte, la invitación a decenas de jefes militares también busca reforzar la lucha contra el narcotráfico y el crimen organizado transnacional, temas que se mantienen en la agenda prioritaria de la Casa Blanca.
Se espera que durante el encuentro se firmen acuerdos de cooperación técnica y de inteligencia entre las fuerzas armadas participantes.
Con este encuentro, Washington busca reafirmar su liderazgo en la región y asegurar que la transición hacia un nuevo orden hemisférico se realice bajo una supervisión militar coordinada. Los resultados de esta conferencia marcarán la hoja de ruta de la defensa continental para el resto del año 2026.









