Lo que millones de personas escriben diariamente a ChatGPT y otros asistentes de inteligencia artificial podría no quedarse únicamente en la pantalla. En Estados Unidos, conversaciones privadas con chatbots ya han sido utilizadas como evidencia en procesos judiciales, tanto penales como civiles.
Un relevamiento de The Washington Post identificó al menos 12 casos en los últimos dos años en los que conversaciones con inteligencia artificial terminaron incorporadas a expedientes judiciales. Los chats pueden revelar dudas, emociones, intenciones y hasta detalles personales que una persona quizá nunca compartiría públicamente.
Uno de los casos más llamativos ocurrió en Florida, donde OpenAI alertó al FBI sobre un usuario que habría utilizado ChatGPT para hablar sobre planes violentos contra su expareja. La información llegó a las autoridades y posteriormente el hombre fue detenido y procesado.
Pero el asunto no se limita a delitos graves. En otro caso, un estudiante investigado por causar daños a vehículos permitió que la policía revisara su teléfono. Allí encontraron preguntas que había realizado a ChatGPT durante la madrugada de los hechos, información que posteriormente apareció en el proceso judicial.
El problema es que, actualmente, las conversaciones con ChatGPT no cuentan con el mismo privilegio legal que las comunicaciones entre un paciente y su médico o entre un cliente y su abogado. Incluso un tribunal federal de Nueva York determinó que conversaciones con otro chatbot, Claude, podían ser revisadas en una investigación por fraude.
Así que aquella frase de película de “todo lo que diga puede ser utilizado en su contra” ya tiene una versión tecnológica: lo que escriba a una IA puede terminar teniendo relevancia en un tribunal, dependiendo de las circunstancias y de cómo se obtengan esos registros. Por ahora, hablar con un chatbot no equivale legalmente a hablar bajo secreto profesional.









