El sacerdote Carlos Orellana, clérigo jesuita de origen salvadoreño, fue una de las primeras voces que vinculó al exalcalde de la municipalidad de Tocoa, Adán Fúnez, con el asesinato del ambientalista Juan López.
El 15 de septiembre de 2024, el clérigo jesuita de origen salvadoreño trascendió nacional e internacionalmente por la contundencia con la que sostuvo “Sabemos bien que lo asesinaron sicarios pagados a sueldo. En este caso, la Iglesia responsabiliza a don Adán Fúnez y a sus secuaces, que cobardemente le han quitado la vida”, refiriéndose al asesinato de Juan López, un hombre con quien durante muchos años hizo un trabajo en favor de decenas de comunidades del municipio de Tocoa, departamento de Colón.
La afirmación del sacerdote fue parte de los llamados de atención y de las alertas que provocó en Honduras el brutal crimen que quedó registrado en los videos grabados por las personas que estaban en la zona y que vieron como la vida del pedagogo, líder comunitario, defensor de derechos humanos, regidor municipal y ambientalista, era apagada por sicarios cuando salió de un acto religioso que dirigía en la parroquia de la colonia Fabio Ochoa de Tocoa, porque Juan también era delegado de la palabra de la Iglesia Católica.









