El número de hondureños, expulsados en los primeros tres meses de 2026, ha aumentado con fuerza, evidenciando que los factores económicos y sociales que impulsan la migración irregular persisten sin cambios.
Al menos 11.621 ciudadanos fueron devueltos a Honduras entre enero y marzo, en un contexto marcado por el endurecimiento de las políticas migratorias en países de tránsito y destino, lo que sitúa la reintegración y el futuro económico de estas personas como un reto inmediato, según el Instituto Nacional de Migración (INM).
En el trimestre analizado, la cifra de deportados creció un 19,8 % respecto al mismo periodo de 2025. Esto supone un aumento de 1.920 expulsiones adicionales frente a los 9.701 retornos registrados el año anterior, consolidando una tendencia de incremento sostenido, de acuerdo con el informe del INM.
Estados Unidos fue el principal país de origen de los retornos, con 10.647 hondureños deportados, el 91,6 % del total contabilizado.
La presencia de migrantes hondureños en el extranjero mantiene una dimensión estructural histórica. Según estimaciones de las autoridades hondureñas, aproximadamente 1,8 millones de ciudadanos residen en Estados Unidos, tanto con estatus migratorio regular como irregular.
Las causas que explican este fenómeno violencia, pobreza, desempleo y búsqueda de mejores condiciones configuran las migraciones como una respuesta a carencias profundas persistentes.
El perfil de los retornados revela que la migración irregular desde Honduras sigue dominada por hombres jóvenes. Del total de expulsados en el primer trimestre de 2026, el 80,5 % 9.359 personas fueron hombres, mientras que 1.097 eran mujeres y 1.165, menores de 20 años, según el INM.
Esta distribución confirma la primacía masculina en los flujos migratorios, aunque la presencia de mujeres y menores evidencia una diversificación paulatina en los perfiles migratorios.
Dentro de la población deportada, el grupo más numeroso corresponde a las personas de entre 21 y 40 años, con 7.945 casos. Le siguen quienes están entre 41 y 50 años, que suman 1.889 deportados. También fueron repatriadas 610 personas de más de 51 años y 1.165 menores de 21. Se trata de segmentos en edad productiva, fundamentales para la economía nacional.
La mayoría de los retornos fueron forzados: 9.594 personas fueron deportadas directamente por autoridades extranjeras. Por el contrario, 2.027 migrantes regresaron mediante programas de retorno asistido, lo que refleja un pequeño pero relevante segmento de migrantes que opta por regresar de manera voluntaria o bajo esquemas coordinados.
Según el INM, Estados Unidos encabezó el flujo de retornos, con 10.647 deportaciones. Esto representa un 91,6 % del total y confirma el peso determinante de la política migratoria estadounidense para Honduras. México ocupó el segundo puesto, con 913 migrantes retornados, equivalentes al 7,8 %, mientras que Guatemala reportó 61 ciudadanos hondureños expulsados, lo que representa el 0,52 % del total.
El método de repatriación también evidencia la lógica del fenómeno migratorio. La vía aérea fue la modalidad de deportación más empleada, con 10.682 personas retornadas, principalmente desde Estados Unidos.
Por vía terrestre regresaron 939 migrantes, en su mayoría desde México y Guatemala. Este predominio de las repatriaciones aéreas responde a acuerdos bilaterales y a la logística establecida entre Honduras y Estados Unidos, que han agilizado los vuelos organizados de retorno.
En respuesta directa a la coyuntura: Durante el primer trimestre de 2026, 11.621 hondureños fueron deportados, un incremento del 19,8 % respecto al año anterior. La gran mayoría llegó desde Estados Unidos por vía aérea y el perfil de los retornados se concentra en hombres jóvenes en edad de trabajar.
Este fenómeno genera desafíos inmediatos tanto para la economía familiar como para el Estado, encargado de diseñar estrategias de reinserción eficaces ante una tendencia de expulsión en aumento.
El impacto de la migración y el retorno forzado tiene una dimensión económica clave. El envío de remesas familiares es fundamental para la economía nacional. Según el Banco Central de Honduras, en enero y febrero de 2026 los migrantes hondureños en el extranjero enviaron más de USD 1.800 millones en remesas.
Este volumen de transferencias equivale a aproximadamente el 25 % del Producto Interno Bruto nacional, lo que evidencia la fuerte dependencia de Honduras respecto a los ingresos generados por su diáspora.
Las remesas contribuyen al sostenimiento de miles de hogares y dinamizan sectores esenciales como el comercio y los servicios. Sin embargo, el aumento en las deportaciones podría afectar este flujo de manera estructural si un número significativo de migrantes regresa permanentemente y pierde su fuente de ingresos en el extranjero.









