El Mundial 2026 tuvo su segunda inauguración este viernes en el Estadio Toronto, y Canadá aprovechó el escaparate global para mostrar al mundo quién es: un país de raíces indígenas profundas, de diversidad cultural sin precedentes y de una relación íntima con la naturaleza que va desde los bosques del interior hasta las costas del Atlántico y el Pacífico.
La ceremonia previa al debut de la selección canadiense ante Bosnia y Herzegovina fue un espectáculo de alto voltaje emocional y visual que contrastó deliberadamente con la ceremonia del día anterior en el Estadio Azteca de México, más espectacular en escala pero distinta en espíritu.
Las Primeras Naciones, protagonistas de la ceremonia
El momento más poderoso de la tarde llegó en los primeros minutos. Artistas de las Primeras Naciones —los pueblos indígenas que habitan el territorio canadiense desde miles de años antes de la llegada de los colonizadores europeos— ingresaron al campo con vestimentas ceremoniales que condensaban siglos de historia: tocados elaborados con plumas, pinturas faciales en rojo, blanco y negro, vestimenta adornada con cuentas y bordados de colores, y tambores ceremoniales decorados con motivos ancestrales.










